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¿Por qué nos gusta “Glee”?

Por Diego Gualda – (Revista Noticias)

Qué hay detrás de los chillones chicos del coro, más allá de la nostalgia por los clásicos del rock y pop.

Glee

En el último número de Noticias, hablamos sobre el fenómeno multimillonario de las series de televisión “estilo Broadway“, a propósito del lanzamiento este año de “Smash” y del estreno de la nueva temporada de “Glee”.

Esta última serie fue un éxitazo en el 2009 y, pese a críticas algo despiadadas sobre los resultados de su tercera temporada, supo mantener la fidelidad de su público, los “gleeks” (híbrido entre “glee” y “geek”, una palabra que lo dice todo).

La serie atrae por igual al público adolescente como a cierta franja de jóvenes-adultos. Ahora, por qué una serie que trata sobre chicos de escuela secundaria resulta tan adictiva para el público más mayorcito, puede tener un par de explicaciones.

Por un lado, está la música. Los ’80s son los nuevos ’60s y la generación de los treintañeros y cuarentones se ha adueñado de la nostalgia, reivindicando los tiempos en que el tipo más piola del boliche era el que más pasos de break-dance se sabía; una era dorada en la que aún reinaba Michael Jackson y Madonna quería parecerse a Marilyn. “Glee” rescata canciones que se han vuelto clásicas (desde éxitos de Broadway hasta los Beatles o Queen), pasando por los “one hit wonders” ochentosos y haciendo pie, finalmente, en la música contemporánea (notable episodio dedicado a Lady Gaga, con una épica versión de “Poker face”, por citar un solo ejemplo de tantos).

Para la generación X –y quizás algunos de la generación Y, hay una excelente infografía con respecto a esta división generacional en la última edición de Noticias, también– “Glee” es un viaje de reencuentro con la música de la infancia y adolescencia.

Pero hay algo más. Sí, siempre hay algo más. Y es que, en el fondo, “Glee” no es la historia de los chicos que quieren cantar en el coro. “Glee” es, en realidad, en lo profundo –en ese lugar donde el subconciente del autor se trasluce– la historia del profesor de esos chicos, es la historia de Will Schuester, el director del coro.

Desde el piloto se cuenta con detalles: Schuester fue miembro del “Glee Club” en sus tiempos de escuela y tiene una cuenta pendiente con la vida; la de dejar de ser profesor para ser cantante. El profe acarrea una frustración, un sueño marchito. Su proyecto de resucitar el coro de la escuela no es humanitario, es un pedido a gritos de revancha, de ser de grande lo que no pudo de chico.

“Glee” no es una historia de chicos. Es la historia de un tipo grande, que busca una segunda vuelta.

Por eso, quizás, la serie funcione tan bien entre el público adulto. Porque, al fin y al cabo ¿quién no tiene un sueño de juventud guardado en un cajón?

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