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Madonna defiende derechos LGBT en Rusia

San Petesburgo – (Clarin)

Madonna desafia la ley rusa

La diva del pop pasó por San Petersburgo, y dio un show en el que confluyeron lo político y lo social. Y un diputado ruso la atacó duramente por Twitter. Un periodista de Clarín estuvo allí y cuenta cómo es el espectáculo que la traerá nuevamente a la Argentina, y que dará el 13 y 15 de diciembre en River Plate.

¿Y esta pulserita rosada? “Póngasela en la muñeca izquierda y espere”: no más indicaciones a las puertas del estadio SKK de San Petersburgo, una especie de Luna Park con diseño aún más soviético. Hay militares y policías por donde se mire. No es para menos, porque amenzaron con un ataque terrorista si Madonna tocaba en este lugar. Y eso está por suceder, luego del paso del MDNA Tour por Moscú, donde la diva se arriesgó a defender al trío punk Pussy Riot actualmente encarcelado (ver recuadro). Aunque las siglas de Dolce & Gabbana los delaten, los gays aquí son minoría, y tratan de pasar inadvertidos entre un público de 30 para arriba que parece haberse vestido “bien” para ver ballet, no pop.

La dinámica multimediática de este espectáculo (todo funciona a la vez: video de fondo, pantallas, banda, coreografía, escenario principal y el que rodea al círculo dorado de los fans más ricos) no deja de impactar de lo intensiva que es. Otra vez, se recurre al imaginario católico como telón de fondo para que la visión madonnesca del erotismo adquiera relieve transgresor. Pero no olvidemos que esto es Rusia y aquí el punk todavía puede ser… ¡punk! Así que este show es también una manifestación política que logra superar el mismísimo marketing mediático que suele montar Madonna. Hay tensión tormentosa en el aire, empuje de catarsis colectiva.

No tan terminal y autorreferencial como el Drowned World Tour (01), ni tan disperso como el Sticky & Sweet (09), este espectáculo comparte con el primero el imaginario gótico. El arranque pone en pantalla una Catedral que luego se hará trizas, con monjes, campanas, incensarios y todo, presentando aquí al trío vasco Kalakan, que será eje musical (coral y acústico) de los mejores momentos del show.

Empezamos con feminismo sangiento. En Revolver, le disparará al público de mentirita, mientras que Gang Bang invierte a la víctima Nancy Sinatra de Bang Bang … para volverla la victimaria Uma Thurman de Kill Bill . Tanto deleite en la violencia física y la venganza femenina hace pensar en cómo hubiera sido Mujeres asesinas versión Spartacus. Para una Hung Up sin el sample de ABBA, Madonna simula su participación en un ritual vudú. Aquí cierra la connotación al químico MDMA de la sigla “MDNA”: el éxtasis religioso y el de la discoteca convergen en el de las religiones afro-paganas.

Para I Don’t Give A , la canción que retrata su feminismo millonario (“Twitteo en el ascensor/ y me tomo el helicóptero”), se cuelga la guitarra. ¿Les Paul? Hmm… Más bien, “Les Vuitton”. Esta sección cierra con Madonna acostada en un altar con la cruz atrás. Y sí, ella se precia de ser la mujer que llegó más lejos en la historia del pop. Los rusos gritan su nombre. Y que la aman.

El primer interludio, Best Friend , parece una orgía de masoquismo gay en el cementerio de la Recoleta. Melanco mal. La cosa se torna festiva con la coreo de porristas de Express Yourself . Dos hombres se besan en pantalla. De colegiala, salta y canta “Yo soy otro tipo de chica”. ¿Chica? A los 53 años, una tirantez esquizo le separa cara de cuerpo: aunque su personal trainer insista en moldearle la silueta al punto de Campanita (Peter Pan), sus facciones la acercan cada vez más a Sarah Jessica Parker… El “momento étnico” llegará con una intro de malambo de los Kalakan a Open Your Heart . Una jungla de coro y percusión para el climax musical de la noche. Y ahí, la señora saca la Evita que lleva adentro y se manda el discurso esperado.

“Estamos aquí para luchar por el derecho a ser libres”, aúlla. “La comunidad gay debe ser tratada con respeto, tolerancia y amor”. Explica a los gritos, y casi silabeando para que la entiendan, que se debe luchar sin violencia, luchar con amor, y que, como viaja mucho con las giras, ve que hay miedo al “otro que es distinto” en todas partes del mundo.

“Debemos amar al prójimo como a nosotros mismos”, subrayó entre los aplausos. Y atenti. “Si están conmigo, ¡levanten sus puños con la cinta rosa, símbolo de la comunidad gay!” Le respondió un mar humano color amanecer. Ok, suena cursi, pero lloramos todos: ¿cuánto hacía que el pop no experimentaba tal dimensión política y celebratoria? Lo dicho: en Rusia todavía el pop puede ser subversivo. Bueno, el activista gay Yuri Gavrikov no piensa lo mismo y hace un piquete en la puerta, aduciendo que Madonna transforma un drama social en negocio.

Otra cima de emoción y calidad musical no se repetirá hasta Human Nature (se queda solita, en corpiño y bombacha) y la llegada de Like a Virgin , apenas a voz y piano. No vamos a juzgarla como cantante ahora: en una competencia con Adele, adivinen quién gana. Lo sorprendente de Madonna es que haya conseguido expresividad, estilo y escuela (hola, Britney) con ese timbre, ese rango. Cierra esta parte tirada en el piso, entre sus fans, semidesnuda, como un filet de salmón.

El interludio con Nobody Knows Me la muestra en un collage móvil, donde su cara se fusiona tanto con la de figuras de la política (está Hitler, entre tantos) como con la de una chica con síndrome de Down. Desfilan los rostros de chicos que se suicidaron víctimas del bullying (maltrato escolar de sus compañeros).

Ultra techno, I’m Addicted suena mejor que en el CD (por la coreo, piensen en una Stravaganza apta para Creamfields). Irrumpe otro momentazo, donde, otra vez, los Kalakan tienen mucho que ver: un mash-up de I’m a Sinner y Cyber Raga . Madonna y los bailarines simulan viajar sobre el techo de un tren en India, visto en perspectiva. Con fondo de mandalas móviles, Madonna termina cantando mantras con el trío (excelente) y ahí pasamos a una Like a Prayer en version gospel y fashion medieval. Esto finalizará con Celebration a todo dance (¡la señora y sus bailarines se convierten en DJs todos!). Otra vez, ese contraste entre la religión y el hedonismo, la Iglesia y la disco, que al final es una convergencia. La moraleja de este MDNA recuerda la reivindicación de la discoteca como templo de libertad corporal, que así la usaron negros, latinos y gays a fines de los ´70 en los más represivos EE.UU.

A la salida del estadio, los que no tienen auto le hacen dedo a los que sí, y suben tras negociar un precio previo. Tras la ventanilla, un cartel frente a una ruina soviética vende una fragancia de Dior, Addicted.  Un nombre “fuerte” usado superficialmente para provocar, muy al estilo Madonna. Pasa un auto donde unos chicos con la remera MDNA esconden la prohibida bandera del arco iris, ésa que la diva alzó en el escenario. El slogan de Addicted es “Sé icónica”. Madonna sabe cómo se usa ese perfume.

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