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Por qué las nuevas categorías de Grindr no nos representan

Buenos Aires – (SentidoG.com)

Captura de Grindr

Los creadores de Grindr parecen haber colocado una mueca de dolor colectiva en de los rostros de hombres gays de todo el mundo con el anuncio de una renovada interfaz que permite a los usuarios clasificarse a sí mismos en una de estas cuatro categorías: Bears (Osos), Jocks (Deportistas), Twinks (Jóvencitos y Delgados) o Muscle (Musculosos).

Ahora, estamos casi seguros que la gente de Grindr está intentando recabar información con fines marketi… perdón, para ayudar a limitar las búsquedas de sus usuarios. ¿Pero estas categorías realmente sirven? ¿Se imaginan en un perfil online decir “soy una musculoca”, mucho menos en persona? Estas etiquetas quizás sirvan para buscar pelis porno, pero para colocárselas a las personas…la verdad que no.

¿Las personas detrás de Grindr realmente piensan que el espectro completo de la diversidad de los hombres queer está cubierto por estas cuatro categorías? Realmente, ¿no existe más, por ejemplo, el chico de barrio? ¿Y qué se supone que hará un chico de 22 años, velludo y deportista que va al gimnasio? ¿En qué inexistente categoría habrá de autocalificarse?

Después, está la cuestión de si realmente queremos identificarnos con alguna de esas etiquetas. Analicemos, por ejemplo, la del “twink”. ¿Qué vendría a ser un twink? Según Wikipedia, twink es “un término del argot gay que describe a hombres homosexuales de apariencia joven y que apenas superan la mayoría de edad (18-24 años). Suelen ser personas con aspecto de adolescente o adulto joven, con cuerpo delgado, usualmente lampiño o con poca cantidad de vello corporal o vello facial”. En la vida real, conozco una pequeña cantidad de jóvenes gays que han reclamado esta definición y la llevan con orgullo y dignidad, lo cual está perfecto. Tampoco tiene nada de malo disfrutar de intereses de la ¿tribu? twink como los pantalones ajustados, las marcas de diseñador, las discos de moda o lo último acera de Glee y Lady Ga…ehhh Katy Per, digo Nicki Minaj…¿o esta semana es Lana del Rey?

Si me piden mi opinión, odio la palabra, porque aún se la usa de manera condescendiente para minimizar las opiniones y la inteligencia de cualquier hombre gay de menos de 25 que sea delgado y lampiño. La idea de usarla como filtro en una aplicación de citas online me trae a la mente la imagen de un menú de comida para llevar donde se agrupan las opciones ‘light que no caen pesadas’. Honestamente, si esa es tu intención, no te sorprendas si tu platillo te abofetea.

Esto no significa que todas estas nuevas “categorías” de Grindr sean negativas. Los osos, quienes ya llevan décadas de actitud inclusiva, de reclamar el derecho a los hombres gays de portar pelo en pecho y de llevar esos kilos de más con orgullo es un ejemplo. Pero la palabra genera una imagen mental muy clara de una cierta clase de hombre, junto con una amplia gama de estereotipos como “todos los osos son obesos”, “todos los osos son viejos” o el miedo irracional de que cualquier contacto con gente de esta “especie” terminará en un calabozo S&M siendo castigado a la latigazos por un señor canoso al que hay que llamar “papito”.

No estamos juzgando ya que sobre gustos, no hay nada escrito. El punto es que aún existe esa percepción ignorante de que los osos y la escena leather son la misma cosa; otra de las tantas nociones equivocadas que salen a la luz cuando se usan esta clase de etiquetas.

Definirse como “jock”, o deportista al menos indica algo acerca de las actividades de esa persona, y puede ayudar a poner en contacto a chicos con los mismos intereses. ¿Pero desde cuándo nos comunicamos tan pobremente que necesitamos definir nuestro rango de intereses con una sola palabra? ¿Qué tiene de malo tener una conversación real y decirle a alguien que nos gustan los deportes? Si no pasa nada, no pasa nada, pero al menos los involucrados estarán satisfechos en saber que no estuvieron siendo elegidos como una prenda en un local de ropa o un corte de carne en el supermercado. Y esto también puede llevar a una conversación más extensa. Ya sabes, algo más que no sea “toma, come, este es mi cuerpo de deportista”’.

Ya lo sé y entiendo completamente que las clasificaciones sencillas ayudan a simplificar la búsqueda en el campo del levante. También entiendo que desde un ángulo de negocios, el marketing es mucho más sencillo cuando existen etiquetas y categorías. Pero al adoptarlas, Grindr sacrifica lo que lo hizo tan atractivo desde un primer momento: la diversidad y la simple habilidad de encontrar el chico gay disponible más cercano, o al menos varias docenas de ellos, con fotos e información básica para tu conveniencia. El único filtro que necesitábamos eran nuestros ojos, nuestro sentido común y el ocasional uso de la herramienta ‘bloquear’. En estos días, podemos remover candidatos “inelegibles” de nuestro pequeño mundo gay filtrando por edad, altura, peso y tipo corporal. Al menos Grindr no ha seguido el ejemplo de otras aplicaciones que permiten a sus usuarios hacer filtros por raza…al menos no todavía.

Ahora bien, si pudiesen encontrar una manera de filtrar a los usuarios desagradables, narcisistas, vengativos y lunáticos, creo que tendríamos la mejor aplicación del mercado.

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