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Julia Amore: “Nunca tomé como una opción prostituirme”

Buenos Aires – (Boquitas Pintadas)

Julia Amore; foto Facebook

Julia Amore trabaja en el Programa de Diversidad Sexual del INADI. Cada día, desde hace un año, su actividad consiste en generar políticas públicas de integración para las personas trans que tienen su ley pero que, ella sabe, aun se implementa a medias.   Se entusiasma cuando habla de su trabajo cotidiano y dice que, por momentos, aun le cuesta creer el lugar que ocupa.

Ella no sabía lo que era trabajar en una oficina, pero aclara que resistió en puestos precarios aunque prostituirse era su límite. “Nunca tomé como opción la posibilidad de trabajar en la calle”, dice.

-¿Cuál es tu actividad en el INADI?

-Trabajamos en equipo pensando cuestiones que hacen a la diversidad, a generar políticas públicas de integración y fomentar la aplicación de la nueva ley de identidad de género y la reglamentación de los artículos, porque aun falta mucho para una verdadera instrumentación. Por ejemplo, en temas de salud todavía no se pudo poner en práctica la ley. Está bastante encaminado pero hay que sugerir cosas, intercambiar  opiniones. Trabajamos con los ministerios de Salud, Educación y Justicia.

Lo que falta es, entre otras cosas, que desde la formación de los profesionales haya más capacitación, que en la carrera de Medicina esté tratado y tenga espacio curricular esta temática desde un lugar de integración, de aceptación, no patologizando el tema.

También es necesario trabajar con profesionales que no tienen capacitación en cuanto al uso de un lenguaje de respeto por el género. Esto que hace al trato digno es fundamental. Trabajamos mucho en el ámbito de la educación con los profesionales que tienen que vincularse con niños y niñas trans, porque los docentes muchas veces no tienen herramientas para saber de qué manera llevar adelante esta temática. Entonces, damos charlas, capacitaciones.

– ¿Te imaginaste un trabajo así para tu vida?

– No, es raro. Tengo cierta trayectoria en el activismo y la militancia, pero nuestra militancia, forzadamente, es de todos los días. Me costaba pensar que en algún momento se nos iba a incluir socialmente, lo veía como muy lejano.

– ¿De qué viviste toda la vida?

– Hace muchos años que soy actriz. Empecé a los 12 años, desde entonces me di cuenta de que eso era lo que elegía como profesión. Luego, me formé, estudié. Desde siempre esa fue mi forma de hacer política, siempre se hace política, y el teatro es mi forma de expresión. Con el teatro sobrevivo, no es que gano mucho dinero.

– ¿Trabajaste en la calle por necesidad?

– No, a la calle nunca la tomé como opción. Cuando era más chica y pretendía vivir de mi profesión era difícil, sobre todo siendo diferente. Además, era otro tiempo. Ahora tenemos un Gobierno que acompaña y apoya esta evolución, esta integración y esta forma de incorporar la diversidad como parte de la sociedad. En su momento no se hablaba de eso. Yo era una chica transexual, alguien diferente, que pretendía vivir del arte. Yo traté de ser fuerte, seguir estudiando. No fue fácil: tuve que limpiar casas de familia, que vender comida a domicilio, también vendí ropa. Había que sobrevivir.

– ¿Siempre viviste libremente tu identidad sexual?

– Sí, siempre llevé mi vida como mujer. Era muy libre con mi vida y eso creo que me jugó a favor. Por ejemplo, al colegio al que iba los varones no podían tener el pelo que les tocara el cuello de la camisa; yo llegué a tener el pelo largo casi hasta la cintura. Creo que todo es cuestión de actitud en la vida, tiene un poco que ver con eso. Yo fui bastante inconciente. En mi casa, con mis amigas y en el colegio siempre fui una chica. No veía otra forma y actuaba así. Yo sabía que en algún momento las cosas iban a cambiar en la sociedad, no imaginaba que lo fuera a vivir yo, no era tan optimista. Ahora estoy operada, lo logré antes de la ley y tengo mi documento.

– ¿Cómo era conseguir trabajo?

– Te cerraban muchas puertas sólo por la identidad sexual. Era difícil conseguir trabajo, sobre todo cuando no tenía DNI, o cuando lo tenía pero no me representaba. Entonces, a veces calificaba para un trabajo pero cuando presentaba la documentación  me decían que no, no entendían. En un tiempo opté por ser medio andrógina, vestía ropas grandes, ni varón ni mujer. Así llegué incluso a un cargo gerencial en un call center. Una se ve obligada a negociar algunas cosas, pero nunca renegué de mi identidad.

– ¿En tu casa cómo lo tomaron?

– Mis padres nacieron en los años 30. La mentalidad distinta, muy cerrados. No tenían información. No es para juzgarlos, acompañaron a su forma. Con ellos fue como ambiguo todo. Tenía cosas prohibidas, pero también yo jugaba con tacos de mi mamá, me pintaba la boca. Hacía eso y sufrí retos y chirlos por hacerlo. Pero bueno, cada tanto lo hacía igual. Recuerdo algo muy lindo, también. Mi papá era constructor. Se daba maña para hacer cosas. Mi vieja tenía unos zuecos y yo taconeaba feliz de la vida  con ellos. Cuando mi papá descubrió que me gustaba ponérmelos y taconear haciendo ruido por la casa él me hizo unos zuecos de madera de mi número, pero sin taco. Era una aceptación a medias: me hacía los zuecos pero sin taco. Yo era feliz, me encantaban. Los combinaba con ropas de ellos, hacía shows para toda la familia. Me gustaban los skech.

– ¿Te acordás de tu primera pareja?

– A los 15 años tuve mi primer novio. Pero ya en el jardín de infantes estaba enamorada de un nene, Marcelo, que estaba en segundo grado cuando yo iba a preescolar. Recuerdo que hablábamos a través de la reja. Nos hicimos amigos y toda la primaria fuimos muy amigos. Hace poco me encontré con él por facebook. Recordamos las picardías de niños. Le pregunté cuál era su percepción de mi en aquel momento. Me dijo: ‘Vos eras mi novia. Para mi siempre fuiste Juli’.

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