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¿No estás grandecito para salir a bailar?

Buenos Aires – (SentidoG.com)

¿Cual es la edad para salir a bailar?

Qué pregunta de mierda, ¿verdad? Y es así de feíta porque nos obliga a plantearnos cuál es nuestra “edad de pánico”, una suerte de umbral cultural que nos habilita para ciertos eventos sociales y nos desacredita para muchos más. ¿Ya decidiste cuál es la tuya? ¿30? ¿35? ¿40…?

Aunque resulte incómodo, no está de más comenzar a pensarlo, porque, en cuanto a los límites generacionales, las salidas a clubes, bares y discos suelen ser un efectivo termómetro, incluida la admisión con reservas a ciertos establecimientos.
A continuación te resumimos cuatro perspectivas para afrontar la cruel pregunta de nuestro título, con argumentos a favor y en contra.

La edad del corazón

A favor: Hay una edad biológica y una edad del corazón. Para los utópicos, la segunda es más auténtica porque representa mucho mejor cómo nos “sentimos”. De acuerdo con esta perspectiva, la edad del corazón nos habilita a frecuentar las discos hasta que nos hartemos, así vayamos en sillas de ruedas.

En contra: Obviamente, la edad del corazón es un invento alternativo que niega el paso físico del tiempo. Aunque tu corazón te convenza de que tenés veinte años, llegará un momento en que el cuerpo se rebele y las articulaciones comiencen a rechinar como bisagra sin aceite. ¿Hasta cuándo vas a poder seguir repitiendo la coreo de “Vogue” sin que se te esguince una muñeca?

Discos etarias

A favor: En las ciudades suele haber ofertas de clubes para todos los gustos, y la variable generacional también está presente entre las diferentes opciones. En Buenos Aires, por ejemplo, la disco “Contramano” es un clásico para los varones gays maduros. Así, cada grupo etario tiene su propio espacio donde divertirse, sin que la edad represente una preocupación.

En contra: Suponiendo que lográs mantenerte despierto más allá de la medianoche, las discos etarias pueden convertirse en una pesadilla parecida al reencuentro de egresados de tu colegio secundario. El mundo es un pañuelo (sobre todo en los círculos de “sobrevivientes”) y contemplar siempre las mismas caras (somnolientas, además) no es una alternativa muy divertida.

Dime con quién andas…

A favor: Es un hecho de la vida que uno frecuenta los lugares de sus afectos. Si tu grupo de amigos tiene diez años menos que vos, es natural que los acompañes a sus lugares de esparcimiento, entre los que seguramente se destacará algún club o disco en particular. Además, este intercambio generacional te mantendrá joven y al tanto de las últimas tendencias.

En contra: Es obvio que te tiran los pendejos y te obsesionás con la esperanza de comerte a alguno de vez en cuando. Te felicitamos si te da el cuero para seguirles el ritmo, pero te advertimos que te estás cimentando la imagen tan controversial de “viejito verde”. Pensalo.

Estilo gay

A favor: El estilo de vida gay es diferente. Nuestros amigos heterosexuales comienzan a casarse o incluso a ser padres a partir de los 25, asumiendo responsabilidades que los alejan de las pistas de baile. En cambio, los gays vivimos una eterna soltería que gira en torno de clubes, bares y discos.

En contra: Actualmente, cada vez más ciudades están reparando nuestro postergado estatus cívico, permitiendo formalizar nuestras relaciones e incluso nuestra paternidad. ¿No es momento de crecer y aceptar el desafío de construir nuestras propias familias? Si lo aceptamos, es posible que haya poco espacio para seguir la joda en discos y bares.

¿Cuál es tu conclusión? ¿Ya estás grandecito para salir a bailar? O todo lo contrario…

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