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Gorbacz: la ley de salud mental prohíbe las “terapias” para dejar de ser gay

Por Bruno Bimbi – (Tod@s)

California acaba de aprobar una ley —apoyada, entre otras instituciones, por la Asociación de Psicología de California y la Dirección de Ciencias del Comportamiento de California— por la cual se convierte en el primer estado de los EEUU en prohibir las “terapias” y “tratamientos” para dejar de ser gay. La prohibición es limitada, ya que se refiere sólo a los menores de edad, pero es un avance en un país donde muchos adolescentes son obligados por sus padres o llevados por sus pastores a someterse a estos experimentos anticientíficos de tortura psicológica.

Leonardo Gorbacz

Según informaciones del sitio El Huffington Post, el gobernador Jerry Brown, al promulgar la ley —que entrará en vigor a partir del primer día de 2013—, explicó que “prohíbe las ‘terapias’ no científicas que han provocado depresión y suicidios entre los jóvenes. (…) Estas prácticas no tienen ninguna base científica ni médica y ahora quedarán relegadas a la charlatanería”. El senador demócrata Ted Lieu, autor de la iniciativa, dijo que ”nadie puede quedar impasible mientras los menores son sometidos a abusos psicológicos, y quien obligue a un menor a cambiar su orientación sexual debe comprender que es inaceptable”. El Partido Republicano, coherente con sus tradiciones y con el discurso homofóbico de su candidato presidencial, Mitt Romney, se opuso a la ley.
En Estados Unidos —y en otras partes del mundo—, grupos religiosos logran convencer a muchas familias con hijos gays o hijas lesbianas de que la homosexualidad es “pecado” y deben obligar a sus hijos a cambiar mediante estas supuestas terapias, condenadas unánimemente por universidades, colegios profesionales y organizaciones internacionales dedicadas a la salud mental. Aprovechándose de la ignorancia de muchos padres, organizaciones como Exodus y la Asociación Nacional para la Investigación y las Terapias para la Homosexualidad (NARTH) reciben dinero por estos “tratamientos” que ya han llevado al suicidio a muchos adolescentes que no pudieron soportar el rechazo y la presión de sus familias.

Fue lo que sucedió con Bobby Griffith, un muchacho que había sido criado en una familia ultrarreligiosa y que, al llegar a la adolescencia, supo que le gustaban los varones. Su familia participaba de la Iglesia presbiteriana de Walnut Creek, California, y su madre daba clases en una escuela religiosa dominical. Cuando supo que Bobby era gay, comenzó a presionarlo con la convicción de que podía obligarlo a cambiar. Lo llevó a una “psiquiatra” de la Iglesia, lo metió en un grupo de oración y le llenó la habitación de carteles con versículos de la Biblia. Bobby primero luchó contra sus sentimientos para recuperar el amor de su familia y luego con su familia para convencerla de que estaba bien siendo como era. Finalmente, no aguantó más y, el 27 de agosto de 1983, se arrojó desde un puente a una carretera de Oregon.

Al leer el diario de su hijo, Mary Griffith entendió lo que el muchacho había vivido y comenzó a informarse sobre la homosexualidad. Hoy es una destacada activista de P-FLAG (Padres, Familiares y Amigos de Lesbianas y Gays), participa de las marchas del orgullo y hasta brindó testimonio ante el Congreso de los Estados Unidos. La historia de su hijo fue llevada al cine en la premiada película Oraciones por Bobby (foto). “He oído a mi familia muchas veces hablando de las personas gays. Han dicho que odian a los gays y que también Dios los odia. Los gays son malos y Dios manda al infierno a quienes son malos. Realmente me aterra cuando hablan así porque ahora también están hablando de mí”, escribió Bobby a los 16 años en su diario. Cuando se suicidó, acababa de cumplir 20.

Cuando no se suicidan, los “ex gays” de Exodus y otros grupos acaban, por lo general, siendo ex ex gays:
“Me disculpo con quienes creyeron mi mensaje, que pretendía que el cambio era necesario para agradar a Dios. Me disculpo por presentar el amor de Dios como condicional y por las verdades truncadas que expuse como representante de Exodus. He escuchado numerosas historias de abuso y suicidio de hombres y mujeres que no pudieron cambiar su orientación sexual a pesar de lo que Exodus u otros ministerios les dijeron. Una participante que conocí cayó en una profunda depresión y prefirió saltar de un puente. En ese momento, me dijeron que no era mi culpa, pero mi corazón no lo creyó”, declaró en público una ex líder de la secta, Darlene Bogle. En el video que publicamos aquí, varios ex líderes de Exodus piden disculpas en una conferencia de prensa por el daño psíquico que les causaron a muchas personas a las que sometieron a las “terapias de reversión de la homosexualidad”.

Para el ex diputado nacional Leonardo Gorbacz, psicólogo y autor de la nueva ley de Salud Mental —ley 26.657, aprobada en 2010—, en Argentina no hay discusión: las supuestas terapias de reversión de la homosexualidad están prohibidas y quien las realice puede perder su matrícula profesional y enfrentar procesos en la justicia.

En su artículo 3, la ley establece que “en ningún caso puede hacerse diagnóstico en el campo de la salud mental sobre la base exclusiva de (…) la elección o identidad sexual”. Más allá del uso incorrecto de la expresión “elección sexual” (como explico en este post, debería decir “orientación sexual”), la ley no deja lugar a dudas: no sólo está prohibido diagnosticar o tratar una determinada orientación sexual como si fuese una patología —discusión zanjada hace muchos años por la OMS— sino que tampoco puede diagnosticarse como patológica cualquier tipo de identidad sexual. Eso también sirvió para prohibir los diagnósticos de disforia de género, con los que las personas trans eran clasificadas como enfermas mentales. La nueva ley de identidad de género siguió el mismo camino, terminando para siempre con la patologización de la transexualidad. Todo ello coronó el trabajo silencioso que el ex diputado Gorbacz —quien también tuvo un gran protagonismo en la lucha por el matrimonio igualitario, como cuento acá— realizó durante su paso por el Congreso para cambiar el paradigma de la salud mental en el país.

—¿La nueva ley de salud mental, de la que usted es autor, prohíbe las “terapias” para dejar de ser gay? —le preguntamos a Gorbacz.

—Absolutamente. En su artículo 3º, la ley impide considerar una enfermedad la orientación o identidad sexual de una persona. Toda la ley sostiene un concepto de salud que no tiene nada que ver con lo que se puede considerar normalidad o adaptación a determinados valores. Por el contrario, se subraya el respeto a la singularidad de las personas. En todo caso, la enfermedad mental está relacionada con el “padecimiento subjetivo” que siente la persona y no con pautas objetivas de normalidad impuestas desde afuera. Por eso, más allá de que hay un artículo específico que dice que no se puede hacer un diagnóstico en base a preferencias sexuales, ese tipo de enfoques o tratamientos son contrarios al espíritu de la ley en su conjunto. La salud mental es un campo vulnerable a que se lo utilice para imponer determinados valores morales, encuadrando como “enfermedad” conductas que son desaprobadas por los sectores dominantes de una sociedad en un momento determinado. Todas las personas somos distintas, por lo tanto, la idea de salud no puede estar asociada a una única forma de comportarse, sino, en todo caso, a la capacidad de disfrutar de la vida y relacionarse con los otros desde las propias particularidades.

Entonces, si un psicólogo o psiquiatra realiza tratamientos que tengan por objeto cambiar la orientación sexual de un paciente, ¿sería ejercicio ilegal de la medicina?

—Sin dudas, y por varias razones se estaría cometiendo una infracción severa. En primer lugar, porque se incumple la Ley de Salud Mental que, además de lo que mencioné antes, establece el derecho de todas las personas a una atención basada en principio éticos y fundamentos científicos. Pero además, tanto la regulación del ejercicio de la medicina como el de la psicología, prohiben prometer resultados de curación engañosos y, en este caso, está claro que es un engaño absoluto. Los médicos tienen prohibido utilizar procedimientos o terapéuticas que no hayan sido previamente enseñadas en la universidad o discutidos en ámbitos científicos reconocidos.

—¿Qué sanciones podría recibir el psicólogo o psiquiatra que realice este tipo de “terapias” en Argentina?

—De acuerdo a quién tenga el gobierno de la matrícula en cada provincia —los colegios o la propia salud pública—, pueden suspenderle la matrícula o cancelarla. Pero, además, sin dudas podría enfrentar demandas económicas por daños y perjuicios, porque este tipo de tratamientos no son inocuos, sino que generan daños y mayor sufrimiento psíquico. Ni un médico ni un psicólogo pueden hacer cualquier cosa. Tienen que trabajar dentro del marco de la ley y aplicar técnicas y procedimientos que tengan aval científico en cada una de sus disciplinas.

—¿Cómo funcionan, en la práctica, estas “terapias”?

—Por lo que conozco, tienen un enfoque conductista: tratan de condicionar la conducta, asociando los deseos homosexuales a estímulos desagradables. También se la conoce como terapia de aversión.

(Nota: la película “Latter Days” muestra cómo funcionan algunos de los brutales experimentos de asociación de deseos homoeróticos a estímulos desagradables. Es escalofriante).

—¿Existe algún caso comprobado científicamente de una persona que haya cambiado de gay para hétero o de hétero para gay haciendo terapia?

—Desconozco si alguno se asume “curado” a partir de estas terapias, pero lo que está claro es que la constitución de la sexualidad es un proceso que se define entre la infancia y la pubertad y no es modificable por terapias de ningún tipo.

Entonces, ¿cuáles son los verdaderos efectos en la salud mental de los pacientes?

—Los deseos no van a cambiar, pero este tipo de tratamientos sí puede lograr que la persona sienta culpa o vergüenza por sentir como siente. La sexualidad no es un elemento secundario sino constitutivo de la personalidad. Profundizar, en lugar de resolver, las contradicciones que una persona puede tener entre lo que siente y las demandas de normalidad ajenas genera graves obstáculos en todos los planos de la vida de relación, y no sólo en lo sexual. Es probable que una persona en esa situación, además, se embarque en relaciones heterosexuales que terminan siendo insatisfactorias para él y para la otra persona, con lo cual el sufrimiento ya no es individual sino que se extiende a otras personas. Todo ello además del efecto más inmediato, que es el empobrecimiento que se produce en la vida de cualquier persona cuando no puede disfrutar de una parte tan importante de la vida como es la sexualidad.

—¿Qué debería hacer un psicólogo que recibe a un paciente que es homosexual y se siente mal por ello, con conflicto, porque su familia o su entorno no lo aceptan o porque él mismo cree por alguna razón que lo que siente está mal?

—Un profesional puede y debe atender a las personas que le consultan porque tienen conflictos con su sexualidad y sufren por ello. Pero su posición no debe ser tratar de imponerles una sexualidad que no es la propia, sino ayudarlos a aceptar sus sentimientos y poder separarse de las exigencias externas, que pueden haber sido internalizadas como fuertes mandatos.

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