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El doble estigma de nuestras mujeres

(SentidoG)

En el Día Internacional de la Mujer, la discriminación a nuestras compañeras lesbianas, bisexuales y trans continúa siendo una dura realidad.

En el Día Internacional de la Mujer, la discriminación a nuestras compañeras lesbianas, bisexuales y trans continúa siendo una dura realidad.

A pesar del trabajo legislativo que en diferentes partes del mundo ha contribuido como nunca antes con la reparación de los derechos LGBTI, las mujeres lesbianas, bisexuales y trans continúan cargando sobre los hombros el doble estigma de su género y de su comunidad sexual. En su día, dos de nuestras mujeres nos cuentan cómo la discriminación se cuela entre las nuevas leyes y las acecha en su cotidianeidad.

 

Que se respeten nuestras leyes

“A pesar de la ley de Identidad de Género, las mujeres trans seguimos sufriendo discriminación”, expresa Silvana Sosa, referente de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) en la zona Sur de la provincia de Buenos Aires. “Solo pedimos que respeten nuestras leyes”.

Silvana enumera sus reclamos con la ansiedad que produce la postergación: “Pedimos educación integral, para acceder a terminar el primario, que podamos acercarnos a cualquier colegio sin ser discriminadas; derecho a un trabajo, para terminar con el estigma de la discriminación en las mujeres en situación de prostitución; derecho a la justicia, para poder denunciar…”

Sin embargo, es en el acceso a la salud donde Silvana se detiene un poco más, tal vez porque desde el año 2007 se capacitó como promotora de salud en la ciudad de La Plata, especializándose en mujeres trans; o tal vez porque durante una década ha visto a sus compañeras con VIH entrar a un hospital con un cuadro gripal y fallecer al día siguiente de un paro cardiorespiratorio. “Reclamamos el derecho a la salud integral, para ser asistidas con mejor calidad de vida, con un mejor servicio, y que los médicos nos escuchen”.

Silvana se encuentra trabajando actualmente en el partido de Lomas de Zamora en un consultorio amigable, en donde las mujeres trans pueden realizarse testeos, aplicarse vacunas, o simplemente dialogar con otra par. Ella aspira a que algún día, en cualquier institución de salud del país, las mujeres trans puedan “ser asistidas por compañeras trans infectólogas, enfermeras u odontólogas”.

 

Mujeres invisibles

“Cuando una empieza a mostrarse tal cual es, te vas encontrando con barreras que te impone la sociedad, que con las nuevas leyes se empezaron a debatir y a nombrar, pero con las que todavía hay mucho trabajo por hacer”, afirma Verónica Capriglioni, presidenta de La Fulana. “Hay cosas que están instaladas socialmente, el trabajo es empezar a nombrar, decir lo que está pasando”, explica y a modo de ejemplo cuenta la anécdota de un compañero de trabajo que creía que las mujeres lesbianas odiaban a los hombres.

A la pregunta por estadísticas de discriminación o violencia por lesbofobia, Verónica responde que no hay, que las lesbianas son mujeres invisibles. “Hay tanta invisibilidad ente las mujeres lesbianas y bisexuales que muchas veces peleamos por poder mostrarnos, en la calle, en la familia, en el trabajo, por mostrar que somos mujeres que día a día nos relacionamos como cualquiera, solo que nos atrae otra mujer”.

Sin embargo, la violencia sigue estando y se sabe. “Los actos de violencia no se denuncian por miedo o por vergüenza, pero nos vamos enterando de boca en boca, a través del grupo de encuentros que tenemos en La Fulana. Por ejemplo, a dos chicas les pegaron en un colectivo porque creyeron que eran lesbianas; y no lo eran, pero resulta que estaban abrazadas”.

Es claro que las leyes que garantizan nuestros derechos no nos inmunizan contra la discriminación que las ha sobrevivido, una dura realidad que Verónica ilustra de esta manera: “La discriminación y la violencia siguen existiendo y muchas veces no es algo físico: cuando en la calle nos gritan cosas, cuando el ginecólogo nos dice ‘no te reviso, porque por ser lesbiana no tenés riesgo de contraer nada’, cuando en la familia tenemos que pedir perdón por ser como somos”.

 

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