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El puto que nos pega a todos

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Nacho Cuartas, un puto que no se adapta al mundo gay.

Nacho Cuartas, un puto que no se adapta al mundo gay.

 

(Buenos Aires) Tiene casi treinta, se llama Ignacio Cuartas (Nacho) y es “un gay inadaptado al mundo gay”, lo que se dice un reverendo puto inadaptado. O por lo menos ese es el título con el que presenta su trabajo: una serie de “pastishas” accesibles en YouTube, que señalan y analizan con ácido humor algunas cuestiones de los hombres gays.

El puto inadaptado de Nacho (su Mr. Hyde) afloró cuando hace tres años se mudó para vivir solo: “Me di cuenta de que chateando y yendo a bailar, que son los medios principales para conocer pibes, me siento muy incómodo; pero no es incómodo y nada más, es incómodo con furia. Siento que no pertenezco ahí y me da bronca y no me gusta ningún pibe; pero salgo de bailar y veo pibes en la calle y me gustan… Tenía que hacer algo con eso”.

Así fue que puso todo su talento de actor, productor y editor audiovisual con experiencia en publicidad para realizar los primeros videos, “más catárticos y miserables” que los actuales, hasta que con el tiempo fueron tomando forma de crítica creativa a través de un personaje: “el puto que se pega un palo a sí mismo, que nos humaniza y nos saca del lugar de víctimas”.

Puto inadaptado parece estar dirigido a los hombres gays que están llegando a los treinta, esos que habitan el “purgaytorio”, definido por su creador como “un purgatorio gay en el que se nos permite vivir en paz, pero en el que nosotros todavía no podemos relajarnos, porque conservamos esas ideas del hombre clásico”.

¿Cuál es el formato de “Puto inadaptado”?

Los videos tocan un tema del mundo gay que en general no suele tratarse. No voy a hablar de “gays que viven con HIV”. Es un tema en particular, pero desde adentro, no desde qué le pasa al gay desde afuera. Son videos que duran entre 4 y 7 minutos. Hay mucha gente que participa con su testimonio y también hay invitados especiales, como Dani Umpi o Rita La Salvaje.

Me gustaría aclarar que, al ser políticamente incorrecto, a veces puedo resultar ofensivo y hasta soy taxativo. Pero no es algo que va desde la cabeza. Por ahí en algún capítulo digo que fui a bailar y eran todas locas. A mí no me interesa discriminar a los hombres afeminados; pero a veces es lo que me pasa y es una lucha que tengo. A mí me gusta expresarlo porque me divierte. La onda es más que nada relajarse y divertirse.

¿Cómo surgen los temas?

Es muy dinámico. Hay algunos temas que los tenía en el tintero, como el “puto chongo”, que era algo que a mí me afligía. Yo hablo mucho con amigos dentro y fuera del ambiente; les planteo el tema y empiezo a preguntarles fuera de cámara, y se empieza a desarrollar un poco más y se dispara un hilo conductor y saco la cámara y empiezo a filmar. En general tengo ideas armadas, pero me llevo muchas sorpresas cuando edito.

¿El puto inadaptado se casa?

El puto inadaptado no se casa, pero no porque no crea en el amor sino porque no cree en el matrimonio. Creo que el matrimonio es una forma del amor, pero no es la única. También tenemos derecho a culear tranquilos. No perdamos eso, tampoco.

El amor y la sexualidad tienen muchas formas. A mí me interesa cuando una travesti, después de ponerse tetas y hacerse cirugías, termina con una mina; cuando un gay está con una mina y después vuelve con un flaco; cuando un flaco heterosexual se come un pibe y vuelve con las minas. Me interesa cuando pasan estas cosas y no las metemos adentro de los cajones “puto”, “trava”, “binorma”…, cuando la sexualidad fluye. Para mí la sexualidad es como el agua, no tiene forma, es un fluido. Si la metés en una caja, la limitás. Esta cosa de clasificarnos nos aleja y nos deshumaniza, nos limita. Clasificarme dentro de la palabra “puto” me está limitando si un día me gusta una chica. Muchas veces las palabras y las clasificaciones nos dicen qué podemos hacer y qué no.

¿Qué diferencia hay entre “puto” y “gay”?

Para mí, “gay” es casi un término clínico. Es como que cuando se dejó de putear al homosexual se le puso “gay”. En cambio “puto” se volvió más copado; lo usa tu amiga para decirte “puto”, decís: “mamá soy puto”. Tomé ese término, que antes era ofensivo, para reírnos y burlarnos de la ofensa.

¿Cuántos videos llevás filmados?

En total son ocho. Cinco capítulos largos y tres mini pastishas. Ahora la onda es hacer pastishas, que son ideas más cerradas y más viralizables.

¿Cómo sigue esto?

Tengo ganas de presentar los videos en Ideame [plataforma de crowdfunding] o en alguna productora de TV abierta, ya como un trabajo más serio, porque me fascina hacerlo, desde la realización hasta la actuación, todo.

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