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Lesbianas anónimas (modales para tortas)

Fuente: SOY (Página 12)

En la miniserie American Horror Story Assylum hay una lesbiana internada que es sometida a electroshock y otros tratamientos para curarla de este horrible mal.

En la miniserie American Horror Story Assylum hay una lesbiana internada que es sometida a electroshock y otros tratamientos para curarla de este horrible mal.

 

El siguiente es un extracto del artículo original.

Camufladas como clínicas de rehabilitación de adicciones, existen y proliferan en todo el mundo centros de tortura que prometen corregir la homosexualidad. Las principales víctimas son lesbianas que llegan engañadas o raptadas por sus propias familias. La activista ecuatoriana Tatiana Cordero Velásquez, que hace años viene denunciando este delito, cuenta cómo funcionan estos centros altamente rentables y cómo es posible desarticularlos.

Por Paula Jiménez España

 

No parece cierto en los albores del nuevo siglo, pero lo es. Tan cierto como el asesinato de la Pepa Gaitán o cualquier otro crimen de odio cometido contra la población GLTTBI. No es una película de terror lesbofóbico al estilo Electroshock, aquella escalofriante historia que transcurría durante el franquismo en España, en la cual la protagonista, una joven lesbiana enamorada, era sometida a cruentas prácticas que la psiquiatría de hierro de aquellos años aplicaba sin miramientos. No es esa película, no, pero en Ecuador –y no solo en Ecuador– pasan las mismas cosas o peores todavía.

“Las familias piden ayuda a las clínicas y las clínicas las ayudan con su cuerpo de seguridad –cuenta la activista ecuatoriana Tatiana Cordero Velásquez–. En muchos casos interviene la policía, es decir, gente del Estado que colabora con este secuestro. Se engaña a las lesbianas. Se les dice ‘vamos a visitar a una amiga’, a cualquier persona a la clínica. Se les inventa esta excusa u otra, y cuando están ahí son internadas a la fuerza. Violencia, engaño y secuestro, en muchos de los casos que hemos conocido. Ellos tienen la concepción de que el lesbianismo es un vicio. Una vez internadas se les dice que se lo van a quitar.”

Lo que sigue en su relato son los detalles del siniestro proceso al que se somete a las víctimas: torturas psíquicas (“si no dejas esto tu mamá se va a morir”, “tu familia se va a enfermar”), torturas físicas, inanición, violaciones. Tatiana Cordero Velásquez es una de las activistas que desde hace más de diez años viene denunciando, sin demasiados resultados, la existencia de estos centros que prometen “curar” la homosexualidad en su país. Pero el escenario de esta tragedia no se acota al Ecuador, y sin embargo se trata de una realidad prácticamente ignorada en el resto del mundo (qué casualidad la invisibilidad, tratándose de un tema lésbico, ¿verdad?).

En toda Europa hay clínicas como ésta, no es una situación privativa de Latinoamérica. “El alto comisionado de las Naciones Unidas recabó datos de los países donde esto ocurre –explica Tatiana–. Dentro de Sudamérica, hemos conocido alguno también en Perú. Muchos son sedes de las bases que están en EE.UU. y que tienen una concepción religiosa.” Es el caso de Bachman & Associates Counseling Center, que se promociona con el slogan “Donde nosotros podemos rezar y mantener a los homosexuales lejos” y que pertenece a la candidata republicana Michelle Bachman. Pero no se trata, obviamente, de personas y emprendimientos aislados, sino de una red bastante prolífica en el país del Norte.

“Si estamos decididos, contamos con el amor de Dios y el apoyo de otras personas, la curación es posible. Por supuesto, en el momento actual, muchos dirán que no es posible salir de la homosexualidad. Eso es, sencillamente, un mito, porque el cambio es posible”, aseguró el afamadísimo norteamericano Richard Cohen, uno de los “terapistas de conversión” más emblemáticos del mundo. Él fue director de la Fundación Internacional para la Curación (IHF) y autor del libro Comprender y sanar la homosexualidad. Cohen, que pone fichas en la deshomosexualización por experiencia propia (tuvo una pareja gay), fue expulsado del American Counseling Association, como también de la mismísima profesión, y se le retiró la licencia para ejercer como médico y terapeuta.

Esta postura ha hecho eco también en América del Sur, donde se pueden escuchar voces como la de la Dra. Marcela Ferrer en Chile que, entre otras cosas, posee un master de Bioética en Canadá, y para quien es posible evitar las tendencias homosexuales. Ella es creadora de una “terapia reparativa” que se basa en citas bíblicas y desconoce conclusiones básicas de la Organización Mundial de la Salud que explican que la homosexualidad no es una enfermedad.

 

Las granjitas

El diagnóstico con que se ingresa a las víctimas a estos centros es el de “Trastorno de conducta”, un diagnóstico impreciso que pretende encubrir ante la ley que lo que verdaderamente se busca remitir es la identidad sexual misma y la expresión de género: “Hemos conocido casos en los que las hacen vestirse como trabajadoras sexuales, para que puedan ejercitar su feminidad. Entonces, la contraposición: si eres lesbiana, eres machona, para que seas mujer vamos a extrapolar la cosa vistiéndote como trabajadora sexual, haciéndote caminar así delante de los demás. Por supuesto que de fondo está el prejuicio lesbofóbico de que si eres lesbiana es porque no has conocido un hombre de verdad”.

El caso de Paola Zirit, una joven ecuatoriana de 28 años, es uno de los tantísimos ejemplos del trabajo que se lleva adelante en estos “centros”. Según el portal de noticias de Terra, Zirit sufrió diferentes tipos de abusos, incluso sexuales, insultos y torturas, como estar maniatada durante días, sin comer, recibiendo palizas, mientras los guardias le tiraban orina y agua helada. La chica pasó tres meses en total soledad, esposada contra unos tubos en una habitación a la que llamaban “el sauna”, donde no entraba ni una gota de luz. Esto sucedió en Quito.

Un poco más lejos, en Manabí, una pareja de mujeres con hijos fue separada cuando la familia de una de ellas recurrió a una de estas clínicas. Los padres trabajaron arduamente hasta lograr, finalmente, pagar el tratamiento con la esperanza de devolver a su hija al paraíso de la heteronormatividad. Nunca lo consiguieron, ¿hace falta aclararlo?

Otra lesbiana con madre esperanzada es Ana, de 21 años, quien detalló para la página de noticias Dos manzanas la logística del secuestro: “Hace unos meses, una mañana, mi madre me dio algo amargo de beber y me empezó a entrar sueño. De repente entraron cinco personas a casa, dos hombres y tres mujeres, que me dijeron que eran de la Interpol. Me informaron que venían a buscarme porque tenían fotos mías vendiendo drogas. Fuera no había ninguna unidad de la entidad, había un taxi y todos iban con camisas blancas, sabía que me estaban capturando por mi orientación sexual”.

Ana fue internada y desde el encierro alcanzó a comunicarse con su novia Marta quien, tiempo después, consiguió sacarla de aquel infierno que como el resto de las clínicas de su “rubro” se autodefinen como de “rehabilitación para adicciones”.

Cualquiera en Ecuador se pone una clínica de éstas, dice Cordero, no hace falta, prácticamente, ninguna preparación. La falta de rigurosidad no parece presentarse como un obstáculo para su ejercicio. Todas ellas operan de un modo legal. Y dado que estos centros son “clínicas de rehabilitación para adicciones”, es importante aclarar que a los adictos (los verdaderos) allí internados se los tortura igual que a las lesbianas, porque a todos los “vicios” los combaten con las mismas armas.

Ninguno de estos crímenes de odio entró todavía en el Ecuador dentro del circuito de la Justicia, del castigo, de la pena. Tatiana dice que actualmente son 227 los centros contabilizados en funcionamiento. Allí las personas internadas pueden pasar tres, seis o nueve meses padeciendo todo tipo de torturas. Los tratamientos tienen un costo de alrededor de 2.000 dólares mensuales.

 

¿Hay alguna denuncia de este tipo de “centros de rehabilitación” en Argentina?

Sé que hay estos centros para curar adicciones en Argentina también y sé que tienen autorización para internar a la gente contra su voluntad. No sé de ninguno en especial, pero sí conozco a una ecuatoriana que estuvo en Argentina en uno de estos centros donde también había un proceso de psiquiatrización muy fuerte.

En Argentina el psicoanálisis sigue siendo una práctica popularizada, ¿cómo creés que se encara actualmente la cuestión del deseo lésbico?

Creo que sigue existiendo la línea dura psicoanalítica, donde ciertamente la homosexualidad es una vivencia incompleta de la heterosexualidad, una disfuncionalidad de lo natural. De todas maneras hay tendencias y tendencias. También hay grandes aportes desde las psicoanalistas feministas y desde ahí se ha hecho una revisión de la psicología desde diferentes entradas. No creo, para nada, que sea un debate resuelto.

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