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Una isla gay creada por el fascismo en Italia

Fuente: Terra; BBC Mundo

La isla de San Domino pertenece al archipiélago de Tremiti y hace 70 años fue la prisión de los hombres gays, durante el régimen fascista.

La isla de San Domino pertenece al archipiélago de Tremiti y hace 70 años fue la prisión de los hombres gays, durante el régimen fascista.

 

Hace 75 años, en la Italia fascista, un grupo de hombres gay fueron llamados “degenerados”, expulsados de sus hogares e internados en una isla, donde se los mantuvo bajo un régimen carcelario. Algunos de ellos, sin embargo, vivieron como una experiencia liberadora la vida en esa primera comunidad italiana abiertamente homosexual.

Cada verano los turistas son tentados por la belleza de un pequeño conjunto de islas rocosas en el mar Adriático. Pero recientemente un grupo de visitantes llegó al archipiélago de Tremiti, no tanto para disfrutar de la paz y la calma de este remoto lugar, sino para recordar. Se trataba de activistas por los derechos de gays, lesbianas y transexuales. Llegaron al lugar a celebrar una pequeña ceremonia, durante la que marcarían el vergonzoso episodio que tuvo lugar en las islas hace más de 70 años.

 

Un régimen viril

En la década del 30 el archipiélago sirvió al plan de los fascistas de Benito Mussoilini de reprimir la homosexualidad.

Los hombres gays socavaban la imagen que él quería proyectar de hombría italiana. “El fascismo es un régimen viril. (En ese contexto ) los italianos deben ser fuertes, masculinos y es imposible que pueda existir la homosexualidad en un régimen fascista”, dice el profesor de historia de la Universidad de Bérgamo, Lorenzo Benadusi.

Así que la estrategia fue esconderlo lo más posible. No se promulgaron leyes discriminatorias, pero se creó un clima en que las exhibiciones abiertas de homosexualidad se reprimían vigorosamente.

Tanto así que, en 1938, en Catania, fueron detenidos unos 45 hombres que se creía eran homosexuales y enviados al exilio interno. Terminaron a unos 600 kilómetros de allí, en la isla de San Domino, en Tremiti. Este episodio ha sido en buena parte olvidado. Se cree que ninguno de los que sufrieron este castigo sigue vivo, y hay pocos relatos detallados de qué sucedió allí.

 

Las niñas

Pero en el libro “La Isla y la Ciudad”, los investigadores Gianfranco Goretti y Tommaso Giartosi mencionan a decenas de hombres, no todos de Catania, enfrentando duras condiciones en San Domino.

Llegaban esposados. Luego eran ubicados en grandes y espartanos dormitorios, sin electricidad o agua corriente. “Nos daba curiosidad porque los llamaban ‘las niñas'”, dice Carmela Santoro, una isleña que era apenas una niña cuando los exiliados empezaron a llegar. “Íbamos a verlos bajar del bote… vestidos en verano con pantalones blancos, con sombreros… Y mirábamos con asombro, ‘mira a esa, ¡mira cómo se mueve!’; pero no teníamos contacto con ellos”.

Otro isleño, Attilio Carducci, recuerda cómo a las 8 de la noche, todos los días, sonaba una campana que señalaba el momento en que ya no podían salir. “Quedaban encerrados en sus dormitorios, vigilados por la policía”, dice. “Mi padre siempre hablaba bien de ellos. Nunca tenía nada malo que decir de ellos, y él era el representante local del fascismo”.

 

Giuseppe B.

Pero algunos de los testimonios de exexiliados dejan claro que la vida no era tan mala en San Domino. Parece ser que el régimen de prisión era relativamente relajado en lo cotidiano. En forma involuntaria los fascistas crearon un rincón de Italia donde se podía ser abiertamente gay. Por primera vez en sus vidas estos hombres fueron puestos en un lugar donde podían ser ellos mismos, libres del estigma que normalmente los acompañaba en la devota Italia de los 30.

Una excepcional entrevista con un veterano de San Dominio sólo mencionado como Guiseppe B., publicada hace muchos años en la revista gay Babilonia, da a entender lo que esto significaba para los exiliados. Giuseppe B. decía allí que de algún modo ellos estaban mejor en la isla.

“En ese entonces si eras una femmenella (una palabra del argot italiano para hablar de hombres gays) no podías ni siquiera salir de casa, hacerte notar; la policía te arrestaría”, decía sobre su ciudad natal, Nápoles. “Por el contrario, en la isla celebrábamos el día de nuestros santos o la llegada de alguien nuevo… Hacíamos teatro y podíamos vestirnos como mujeres y nadie decía nada”.

También contaba que, por supuesto, había romances e -incluso- peleas por amantes. Algunos prisioneros lloraron, recordaba Guiseppe, cuando el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 marcó el fin del régimen de exilio interno en San Domino y los hombres debieron regresar a una suerte de arresto domiciliario en los lugares de donde provenían.

 

No ha terminado

Algunos hombres gays fueron internados junto a prisioneros políticos en otras islas pequeñas, como Ustica y Lampedusa. Pero San Domino fue la única donde todos los exiliados eran gays. Es profundamente irónico que en la Italia de entonces sólo pudieran encontrar cierto grado de libertad en una isla-prisión.

El grupo de activistas por los derechos de gays y lesbianas que se reunió en el archipiélago días atrás colocó una placa en memoria de los exiliados. Será un recordatorio permanente de la persecución de los homosexuales por parte de Mussolini. “Esto es necesario porque nadie habla de lo que pasó en esos años”, dijo uno de los activistas y parlamentario italiano, Ivan Scalfarotto.

Y el sufrimiento no ha terminado para la comunidad gay italiana, señala. Ya no son esposados y enviados a las islas, pero aún hoy siguen sin ser considerados ciudadanos “de primera”. Scalfarotto dice que en Italia todavía no hay un verdadero estigma social asociado a la homofobia y que el Estado no da derechos legales a ningún tipo de pareja gay o lesbiana.

Su lucha por la igualdad continúa.

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