Your message has been sent, you will be contacted soon

Call Me Now!

Cerrar
Inicio » Suplementos » Lifestyle » ¿Qué hay detrás de la amabilidad del heterosexual?

¿Qué hay detrás de la amabilidad del heterosexual?

Por Neal Broverman (The Advocate)

¿Los heteros nos ven como pares o como el "sexo débil"?

¿Los heteros nos ven como pares o como el “sexo débil”?

El otro día, estaba disfrutando de un breve momento de descanso al final de un largo día de trabajo, subido al ascensor para bajar los 18 pisos que separan mi oficina de la planta baja, cuando de golpe, el elevador se detuvo con una sacudida y tres hombres y una gran cantidad de testosterona hicieron su ingreso. Vistiendo el clásico uniforme de oficina heterosexual (pantalones kakis y camisas sport color azul desabotonadas) y con sonrisas de happy hour en sus rostros, estos chicos parloteaban acerca de equipos ganadores y presentaciones exitosas. Esa alegría torpe era casi contagiosa, así fue como una media sonrisa apareció en mi cara y mis ojos se volvieron hacia abajo.

Algunos segundos más tarde, llegamos a la planta baja y las puertas se abrieron. A pesar de que los chonguitos en cuestión estaban más cerca de las puertas, nadie dio un paso. “Ah, OK, me están dejando salir primero”, pensé. Como si fuese Hatsumomo en Memorias de una Geisha, me sonreí, bajé la mirada, murmuré un “gracias”, y salí. “Bueno, eso siempre es agradable”, pensé, mientras caminaba bajo el sol de Los Ángeles. ¿Verdad?

Interesado en analizar la reacción positiva que había tenido durante mi aventura ascensoril, traté de entender exactamente qué era lo que acababa de suceder. La vacilación de estos chicos a salir primeros no parecía ser una actitud de cortesía normal, sino más bien parte de una norma social profundamente arraigada. Mis pantalones apretados marca Top Shop y mi remera polo deben haber dado claras señales de mi homosexualidad (además de mi pelo, mis gafas de sol y mi cartera) ante lo cual estos hombres heterosexuales estaban siendo… ¿caballerosos? Al esperar pacientemente a que yo saliera del ascensor, me brindaron el respeto que los hombres honorables otorgan a las mujeres. ¡Esto es algo bueno! Pero, esperen… ¡yo no soy una mujer! Entonces, ¿debo tomar esa interacción como algo negativo?

Otros hombres gay en mi oficina me confirmaron que, en ocasiones, han sido invitados a salir del ascensor primeros por los muchos hombres heterosexuales que comparten nuestra torre de edificios (hay una agencia deportiva unos pisos más abajo, como para que se den una idea). ¿Es este el nuevo paradigma en una ciudad gay-friendly como Los Angeles? Los hombres heterosexuales tratando a los hombres homosexuales no como iguales, ¿sino como el sexo minoritario? Al menos es mejor que la burla… siempre y cuando esto no se trate de una burla.

Es difícil saber lo que los hombres urbanos heterosexuales de 2013 piensan de sus hermanos gays. Obviamente, las relaciones entre los dos grupos no se pueden deducir sólo en base a esta experiencia en particular, pero se sintió bastante reveladora. Estos tres chicos, que vamos a asumir que eran hetero, fueron educados y cordiales. Si ellos pensaron que yo era gay, lo cual supongo que fue así, no hubo ningún tipo de comentarios, ni risitas, ni incomodidades visibles. Tal vez si les hubiese dado algún guiño de hombre heterosexual, en lugar de comportarme de manera tímida y coqueta, hubiesen salido primeros del ascensor. Quizás fue cosa mía el modificar la energía del espacio común, remarcando las diferencias entre nosotros.

El abismo que existe entre heterosexuales y homosexuales a veces se siente de manera evidente y, al menos para mí, no todas las razones para que eso suceda son del todo legítimas. Después de sufrir numerosos enamoramientos con mis amigos varones en la escuela secundaria, me integré a una camarilla integrada sobre todo, por chicas heterosexuales. Al igual que la mayoría de los adolescentes, tomé elementos que conformaron mi personalidad de mi círculo de amistades. En las fiestas donde había un montón de varones, veía a estas chicas normalmente divertidas, a menudo maliciosas, y casi siempre desvergonzadas convertirse en criaturas mudas y pasivas. Según ellas, las chicas deseables no eran las gritonas y chistosas, sino las calladitas, que sonríen y usan vestiditos y gargantillas de buen gusto. Es por eso que cuando estoy en un ascensor o en un vagón del metro en medio de un grupo de hombres heterosexuales, esta conducta aprendida en mi adolescencia asoma su fea cabeza. No es sorprendente que la mayoría de los chicos hetero reaccionen en consecuencia; que, si no son unos idiotas homofóbicos, me traten como tratarían a una mujer vulnerable y en inferioridad de condiciones al estar rodeada de hombres.

No son sólo los chicos heterosexuales los que gente como yo permitimos que denigren nuestra masculinidad. También hay algunas mujeres heterosexuales que lo hacen y de forma mucho más explícita. Está buenísimo no ser excluidos de los baby showers y las despedidas de soltera, pero es raro cuando los gays somos los únicos hombres presentes. Yo entiendo que las mujeres deseen espacios seguros, donde no tienen que preocuparse por los hombres que las miran de reojo o de ocuparse por cómo lucen (similar a un hombre gay que se relaja en un bar de lesbianas), pero ser considerado como “una de las chicas ” no se siente del todo bien. Ser llamado una “chica ” no es algo ofensivo, es sólo un insulto si eres misógino, pero la verdad es que no soy una chica. Soy un hombre gay y estoy orgulloso de serlo. ¿Podemos entonces estar de acuerdo que es anticuado no permitir a alguien asistir a una fiesta por lo que tiene entre sus piernas y lo que les gusta hacer con eso? Si a un hombre heterosexual no se le puede confiar la asistencia a una despedida de soltera, entonces tal vez se trate de un idiota que tampoco debería ser invitado a la boda.

A diferencia de los heterosexuales, los gays tenemos muy pocos modelos de conducta de los cuales aprender. Sobre todo para aquellos de nosotros que cumplimos la mayoría de edad antes de que Neil Patrick Harris, Zachary Quinto, Robbie Rogers y Jason Collins salieran del closet. La primera vez que traté de imaginarme a mí mismo como un hombre gay, tenía los roles de género de la sociedad en mi cabeza y creía que tenía que cumplir con ellos. Si iba a salir con un hombre, ¿cómo debería comportarme? Supongo que tendría que ser como… ¿una mujer? Aunque no soy un modelo de masculinidad, hay cualidades masculinas en mí que al principio traté de ocultar (mi afición por los eructos, el amor por los trenes, etc.). Al llegar a mis 30, comencé a sentirme más cómodo con la idea de dos hombres estando el uno con el otro. Al poco tiempo, dejé crecer mi barba, hice un viaje solo y empecé a escribir sobre trenes; cosas que generalmente se asocian con la masculinidad. Yo no hice nada de esto para parecer menos gay, sino que las hice porque las sentía como cosas que iban conmigo.

Es evidente que todavía no estoy muy a gusto frente a hombres heterosexuales que no conozco, sobre todo cuando se mueven en manada. Seguramente ellos deben sentirse igual en el caso contrario. Un grupo de gays excitados probablemente haría que incluso el hombre heterosexual con la mente más abierta se sienta nervioso. Por supuesto, los heteros que son inteligentes saben que no vamos a rasgar nuestras camisas y lanzarnos encima de ellos, pero tenemos que entender que somos criaturas con las que ellos recién se están acostumbrando a interactuar. Nuestro humor, nuestra jerga, nuestras referencias son muy específicas. Así que les voy a dejar pasar a los heterosexuales y a la sociedad patriarcal esa costumbre de ponerme en la misma categoría que a sus esposas y madres. Puedo ser un hombre, pero aún anhelo un poco de hidalguía y caballerosidad.

Tu comentario

commentario(s)




Etiquetas:

Leave a Comment