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Una productora teatral con conciencia social

Por Esteban Rico (SentidoG)

Diego Beares y Roberto Mendez Valladares llevan adelante la productora de contenidos teatrales.

Diego Beares y Roberto Mendez Valladares llevan adelante la productora de contenidos teatrales.

Diego Beares es uno de los autores y directores teatrales más prolíficos del off porteño. Estrenó seis obras propias en cinco años y tres de ellas se encuentran en cartel en este momento. El Club, la cual se exhibe en el teatro El Piccolino los días jueves desde hace seis meses; Ego, cuyo estreno fue la semana pasada en la misma sala y Bien de Familia que se encuentra de gira por el Gran Buenos Aires. Además de actor, dramaturgo y director, Diego es una de las dos cabezas de Kinkimit Studio, una productora de contenidos teatrales que lidera junto con Roberto Mendez Valladares, arquitecto y fotógrafo guatemalteco, quien se encarga del diseño visual de sus obras.

Con la excusa del estreno de Ego, nos sentamos a charlar con Diego y con Roberto para que nos contaran acerca de la misión de Kinkimit, de haberse convertido en referentes de la temática de diversidad sexual en el teatro local y de las fuentes de inspiración de su última obra.

¿Cómo surgió Kinkimit?

Diego Beares: La productora surgió a partir de mi tercer obra, Tenis.

Roberto Mendez Valladarez: La verdad es que fue un relajo, porque yo lo conocí a Diego y él ya había estrenado Marejada que fue su primer obra y yo no estaba involucrado para nada en todo lo que es el teatro. Luego, él estaba en pre-producción de la primera temporada de La Soledad y ahí fue donde me empecé a meter y lo ayudé a hacer la gráfica solamente.

¿La productora existía antes o surgió cuando empezaron a trabajar juntos?

RMV: El nombre existía desde que yo lo empecé a usar en Guatemala haciendo fotografía y diseño gráfico. Luego hicimos una fusión y ahora es una productora más relacionada con el contenido teatral.

DB: En realidad la productora es de contenido artístico. Y como los proyectos que presentamos a nivel teatral creemos que tienen algo relacionado con lo social, la idea es que la productora trabaje con contenidos que aporten desde nuestra visión algo a la sociedad. En general tratamos de meter un metamensaje en nuestras obras. Más que nada la idea es naturalizar ciertas situaciones. Creo que esa es la idea que surge de la unión de nosotros dos.

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La diversidad sexual es una temática recurrente en tus obras. ¿A qué se debe el tratamiento de este tema?

DB: A mí me pasó que caí un poco de casualidad en esta temática. Marejada tiene que ver con mi historia personal porque yo soy gay, aunque no fue mi proceso el que se narra en la obra, es una historia ficcionada. Y a partir de ahí empecé a estar más vinculado con esta situación y la respuesta del público fue buena. Cuando empecé con Tenis la idea era mostrar algo diferente desde la comedia, que en el off es un género que está un poco bastardeado. Es ese karma del teatro independiente donde todo tiene que ser más raro y nosotros tratamos de hacer un teatro que, si bien es off, también la idea es que sea comercial y que venga un montón de gente a vernos. Creo que nuestro proceso personal fue acompañado por cómo el país fue modificando las leyes como la de matrimonio igualitario y la de identidad de género. Y todo eso hizo que desde mi lugar, a pesar de que no soy militante, pueda dar mi visión y mi óptica. Creo que el teatro sirve para eso.

¿Cuál crees que es entonces el aporte social de tus obras?

DB: Creo que lo que tratamos de proponer nosotros desde las obras es naturalizar algunos temas que quizás para alguna gente están naturalizados y para otra no. En Bien de Familia, por ejemplo, uno de los personajes es un chico gay que tiene una relación por chat con un hombre más grande, casado y en una escena tienen sexo oral. La obra estaba apuntada a otro público, contaba la historia de una familia y una herencia y cómo esta cosa de la plata visualizaba otros conflictos. Y el chico gay era simplemente un decorado, era algo más que pasaba. Y nosotros veíamos que venían un montón de matrimonios y mucha gente grande a verla y la verdad es que el tema de lo gay pasaba súper desapercibido. No era algo que escandalizaba, por lo menos al público que consume cierto tipo de teatro que más o menos sabe lo que va a ir a ver.

RMV: Es cierto, se naturalizaba tanto dentro de la obra que el público lo tomaba como algo súper normal.

DB: Nuestra idea es justamente eso, naturalizar esos temas por completo que creo que es lo que ayuda a la sociedad y a los chicos que hoy en día están tratando de salir del closet o a esa madre que viene a ver esta situación que le toca de cerca. Incluso en El Club está el personaje de Lucy que se la entiende como mujer, no está en discusión de si es hombre o mujer o trans. Esa situación me parece que está buena para ampliar esa mirada en la gente.

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¿Roberto, en qué consiste tu colaboración en los proyectos de Diego?

RMV: Mi colaboración viene por el lado de la parte estética. Le doy la imagen de lo que él me transmite. Él escribe, me lo va leyendo y me va diciendo más o menos lo que él quiere y el resultado es lo que se ve en las obras. Me encargo de lo que es vestuario, diseño gráfico, fotografía. Yo soy arquitecto, por eso me fui metiendo también con lo que es la escenografía. Fue un poco difícil separarme de la arquitectura tradicional y pasar a algo más conceptual, porque obviamente es teatro independiente, no hay recursos para montar un palacio, pero te las ingenias y lográs crear algo un poquito más conceptual. Me encanta poder darle forma a estos mundos que crea Diego. De hecho, participo en casi todos los ensayos, medio que co-dirijo también.

¿Qué nos pueden contar acerca de Ego?

DB: Ego cuenta la historia de Tomas Romero que es un director de cine argentino que se fue en el 2001 a vivir a España a probar suerte con veintipico de años y después de 13 años vuelve a la Argentina a filmar Ego, que es la historia de su propia vida. Como Tomas es bastante maquiavélico, cuenta una historia que no es del todo real. Suele frecuentar puti-clubs de mala muerte y ahí conoce varios personajes que volverán a su vida de otra forma. Lo interesante para mí es que yo empecé como actor hace casi 13 años en paralelo con Tomás y en todos estos años pasé por muchas cosas: trabajé en televisión, dirigí actores para castings de publicidad, conocí mucha gente del medio y me empapé de muchas situaciones; desde la humillación en una audición hasta el ofrecimiento de sexo para laburar. Y también pasa eso de que conociste a alguien hace un montón y hoy esa persona está en otro lugar que es algo que pasa mucho en este medio. Por ahí te encontrás con alguien a quien ninguneaste y después le estás pidiendo trabajo o viceversa. Esa situación de abuso de poder se ve mucho en este ambiente. Y creo que esto es un poco lo que muestra Ego.

RMV: Incluso, si ves la gráfica está justamente esa situación: cuatro chicos completamente desnudos frente a este director que es un hijo de puta, que no les pone nada de atención y se muestra mucho ese salvajismo del que habla Diego que existe en el medio.

DB: Yo voy a contar una anécdota que me pasó con un director muy conocido que había hecho un casting para una obra en la que había que desnudarse. Yo no tuve ningún problema, me desnudé y listo. Y la obra nunca salió. Y varias personas que fuimos a esa audición creemos que hizo ese casting sólo para ver pibes desnudos. ¿Esto puede pasar realmente? Si, pasa realmente.

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¿Qué tanto hay de autobiográfico en la obra?

DB: Autobiográfico casi nada. Pero hay cosas que yo fui recopilando de situaciones que he vivido. También este tema está muy instalado, como en mis elencos siempre hay chicos lindos o con buen físico, la gente se piensa que yo me enfiesto con ellos porque es algo común. Hay muchos actores que se acuestan con un productor para conseguir un laburo, y quizás el productor está casado con otro tipo. Son situaciones que en el ambiente están súper naturalizadas. Quizás yo soy chapado a la antigua; yo tengo mi pareja y considero que si sos una persona pública o semi-publica tenes una imagen que cuidar.

¿Cómo se completa el equipo con el que trabajan?

DB: Si bien Kinkimit Studio somos nosotros dos, hay un grupo de gente que nos ayuda, como Antonella que es mi asistente de dirección, Gonzalo Calcagno que es el iluminador del teatro Piccolino, Beli y Lourdes que son las maquilladoras que trabajan con nosotros y Ariel que es el peluquero que también actúa en El Club. Y no podemos dejar de mencionar al dueño del teatro, Oscar Ferrigno, que nos da la posibilidad de montar mis obras. Ya es mi sexta puesta ahí, todas mis obras las hice en el Piccolino, o sea que ya es como nuestro segundo hogar.

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