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La Fulana y el libro de sus 15 años

“La Fulana, una historia lesbiana y bisexual” se presentó en el Centro Cultural Tierra Violeta, y entre las muchas fulanas presentes, Verónica Capriglioni, Diana Maffía, Ilse Fuskova, María Laura Flores, María Rachid y Claudia Castrosín Verdú fueron las que expresaron distintas miradas sobre “La Fu”, su historia, sus anécdotas, sus luchas, sus avatares y sus conquistas.

La imagen ilustra la tapa del libro “La Fulana, una historia lesbiana y bisexual”.

La imagen ilustra la tapa del libro “La Fulana, una historia lesbiana y bisexual”.

 

Por Leandro Fogliatti

(Buenos Aires) Fue un viernes 13 por la noche, cuando las fulanas se reunieron para rememorar unas cuantas anécdotas, mezclando emociones, risas y lágrimas. “Viernes 13, noche de aquelarre”, dice Vida Morant, asumiendo la conducción del evento, y viernes 13 sagrado, según la simbología Maya a la que ellas echaron mano, porque también sienten sagrada la ocasión: 180 páginas, las palabras de María Laura Flores y los testimonios de muchas fulanas, reunidos en el libro que recrea los primeros 15 años de este espacio de lesbianas y mujeres bisexuales.

“La Fulana se fue construyendo en el andar de un grupo de mujeres lesbianas y bisexuales que creyeron fuertemente en nuestros sueños, y supieron ponerle el cuerpo y todo el sentimiento para ir transformando la historia de miles de otras lesbianas y mujeres bisexuales, que en ese momento quedábamos ocultas dentro de nuestras casas, o dentro de nuestros propios cuerpos, sin permitirnos sentir con libertad”, expresa Verónica Capriglioni, presidenta de La Fulana. “En este espacio fuimos aprendiendo que nuestra herramienta más fuerte somos nosotras mismas, visibilizándonos. Y este libro es parte de nuestra visibilidad, de la de cada una de nuestras compañeras, que a lo largo de estos quince años fueron construyendo con sus formas, con sus sueños, con sus identidades, con sus personalidades lo que hoy es La Fulana”.

A su turno, Diana Maffía, directora del Observatorio de Género de la Justicia y consejera académica del Consejo de la Magistratura de la Ciudad, reflexiona: “La historia de La Fulana tropieza con muchas cuestiones que son contemporáneas para el feminismo, y que creo que tenemos que seguir discutiendo. Una, que me parece hermosa, y que está ya desde el inicio, es la cuestión del nombrar, de cómo elegir un nombre, que me parece que tiene un valor político inmenso. Una fulana es una cualquiera de nosotras, y yo creo que así se hacen las revoluciones: no con dirigentes individuales, carismáticos y personales, sino con esa capacidad para darle fortaleza al otro, en este caso, a las otras, y poder avanzar colectivamente”.

Asimismo, Maffía destaca: “Realmente creo que las luchas que ha emprendido La Fulana no solamente han sido hacia adentro para fortalecer, para poder dar acogida a muchas mujeres lesbianas que estaban buscando un espacio de encuentro, sino que ha sido hacia muchos movimientos sociales con los que ha tenido solidaridad, y siendo que en todos esos movimientos también hay lesbianas. Porque lesbianas como feministas hay en todas partes”.

Ilse Fuskova, periodista, activista, creadora de la revista Cuaderno de existencia lesbiana, también ha querido estar presente en el sagrado aquelarre. “Me alegro enormemente de que esta información circule, porque La Fulana ha sido y es muy importante”, expresa brevemente a través de un video (actualmente se encuentra radicada en Córdoba) y no hace falta más; es que Fuskova tuvo la responsabilidad de prologar el libro de La Fulana, y desde allí nos dice: “Es hora de que se publique la trayectoria y la experiencia acumulada de La Fulana. Personalmente estuve en diferentes grupos feministas desde 1982 y en el lésbico a partir de 1986, y no he tenido contacto con La Fulana viviendo en Buenos Aires y relativamente cerca. Es para reflexionar, ¿no? Y mi caso no es el único. A nuestro feminismo porteño le falta apertura, alegría de encuentro, compartir nuestras experiencias”.

Tímida para los discursos, la escritora que supo recrear esta historia trae anotadas algunas palabras para darse ánimos frente a la audiencia. Así, María Laura Flores, periodista y comunicadora social, explica: “Intentamos escribir la historia de La Fulana con la voz de las propias mujeres que pasaron por este espacio. No es un libro objetivo. No intentó serlo tampoco. No creo en la objetividad y sería imposible contar una historia, que estuvo perpetrada, signada y sellada por mujeres que, sin lugar a dudas, posee una subjetividad propia y singular. Creo que no hubiese podido escribirlo si esas historias o esas mujeres no me hubiesen generado un sentimiento. No pude evitarlo y me enamoré de cada una de las mujeres a las que entrevisté”.

El micrófono llega finalmente hasta María Rachid, legisladora de la ciudad de Buenos Aires, secretaria general de la Mesa Nacional por la Igualdad y, especialmente esa noche, fundadora de La Fulana. “Es muy emocionante estar hoy acá, presentando este libro”, expresa. “La Fulana ha continuado gran parte de todo el trabajo que fuimos haciendo durante muchos años y las fulanas de hoy lo han hecho crecer de una manera impresionante. Han conservado su espíritu y lo han ampliado”.

En íntima cofradía, Rachid entreteje anécdotas de diferentes momentos y sabores que mantienen expectante a la audiencia. Cuenta, por ejemplo, sobre aquellos primeros tiempos, cuando eran muy jóvenes y se encontraban con otras mujeres jóvenes que habían sido expulsadas de sus hogares, y se propusieron abrir un centro comunitario, sin recursos y con muchos sueños. “No nos alcazaba para las mesas y las sillas del bar. Entonces, dijimos ‘hagámoslas’ y fuimos a una maderera. El de la maderera nos dijo ‘no tengo maderas para hacer mesas y sillas, pero Marta Minujín nos pidió unas maderas y las devolvió porque no les sirven. Si quieren, fíjense; y si les gustan, se las regalo’. ¡Las maderas tenían unas formas…! Pero, bueno, dijimos ‘una característica de La Fulana podían ser las mesas raras con formas extrañas’. Así que nos llevamos las maderas y las pintamos, hicimos nuestro barcito y ahí empezó La Fulana como centro comunitario”.

Más allá de las anécdotas, Rachid reflexiona sobre la capacidad de La Fulana para preservar el contacto con la comunidad de mujeres lesbianas y bisexuales: “A veces, quienes somos militantes, nos quedamos con el lenguaje del ‘tupper’ de la militancia y las críticas del ‘tupper’ de la militancia y la mirada del ‘tupper’ de la militancia, y no miramos a los de afuera. Y me parece que eso a La Fulana se lo da, en gran medida, el grupo de reflexión. Ese mirar hacia la comunidad y escuchar qué está pasando por fuera de la militancia y tener más contacto con la realidad”.

Y a Claudia Castrosín Verdú, que no es muy amiga de los discursos en público, le toca cerrar la noche y se limita a agradecer a quienes hicieron posible el libro, y se le quiebra la voz cuando casi logra llegar al final, y retoma y finalmente lo consigue. Pero nosotros, para cerrar esta nota, echamos mano del libro, para recrear el momento en el que ella se acerca por primera vez a la organización que tiempo después presidiría.

“Llegó más tarde de lo que esperaba, tocó timbre, golpeó la puerta, volvió a tocar timbre, pero nadie respondía (…); miró a su alrededor, en frente vio una parrilla abierta, se acercó, pidió una Coca Cola y le preguntó a la persona que estaba a cargo si conocía a las chicas que vivían allí; el tipo le contestó que sí, que esperara, que seguramente volverían de un momento a otro (…) A los pocos minutos, tres chicas llegan a la casa, y con esa llegada, el corazón de Claudia empezó a acelerarse y volvió a consultarse si cruzaba o si tomaba el colectivo de regreso a La Plata. Estaba en eso cuando el mozo le dice ‘ahí llegaron’, ‘sí, sí’, respondió ella un poco nerviosa, pagó y cruzó la calle. Tocó timbre y casi al instante ‘una chica grandota, morocha, divina’ le abrió la puerta; era María Rachid, la mujer de la cual se enamoraría poco tiempo después”.

Si querés adquirir el libro de La Fulana, podés solicitarlo escribiendo a lafulana@lafulana.org.ar, o llamando al 4383-7413.

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