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La intimidad gay, el gran reto de la tele de aire

Fuente: Gonzoo

El beso entre Patrick y Nolan, en la serie 'Revenge', supuso una pequeña revolución, ya que las muestras de cariño entre gays son todavía una asignatura pendiente de la tele.

El beso entre Patrick y Nolan, en la serie ‘Revenge’, supuso una pequeña revolución, ya que las muestras de cariño entre gays son todavía una asignatura pendiente de la tele.

La semana pasada, la cadena HBO proyectó por fin Looking, uno de los estrenos de comienzos de año más esperados. Gran parte de las expectativas de la ficción, que narra las aventuras emocionales de un grupo de amigos homosexuales en San Francisco, se debe a una pregunta: ¿irá un paso más allá en la forma de abordar ciertas cuestiones gays y sortear otras? Por lo pronto, el proyecto, a cargo de Andrew Haigh (Weekend), promete nuevos enfoques.

Looking se estrena meses después de que varias críticas LGTB pusieran en evidencia la imagen de gays y lesbianas en algunas series de la tele estadounidense en canales abiertos. La de HBO escapa a estas restricciones por pertenecer a un canal de cable, pero las networks tienden a dulcificar la intimidad homosexual para amortiguar su impacto en el público. ¿Por qué series icónicas como Modern Family son aún tan mojigatas? ¿Por qué trasciende tanto un beso gay?

 

La pequeña revolución de ‘Revenge’

ABC, la cadena familiar por excelencia, sorprendió hace unos meses cuando Revenge resolvió por fin la tensión sexual entre Patrick y Nolan, uno de sus protagonistas, cuya bisexualidad se había sugerido de forma implícita durante dos temporadas. Aquel beso supuso una pequeña revolución, no solo porque por ver al personaje dar por zanjada de forma visual un romance, sino porque las muestras de cariño entre gays son todavía una asignatura pendiente de la tele.

La lección con peor nota es la del beso en los labios, como publicó recientemente Jot Down en un artículo; los gays cobran visibilidad social, pero lo romántico y sexual brilla por su ausencia. Algunas series actuales lidian con estos obstáculos impuestos desde los despachos con más o menos suerte, de las escenas tímidas de Nashville o Once Upon A Time a la naturalidad adolescente de Pretty Little Liars y The Carrie Diaries y la confianza del matrimonio de The Fosters.

 

‘Modern Family’ y ‘Glee’: en la boca, no

Han sido curiosamente dos de las series más aclamadas por haber puesto su granito de arena en el cambio social las más criticadas por su mojigatería a la hora de tratar la intimidad de una pareja homosexual. Para Cam y Mitch, protagonistas de Modern Family, es más fácil presumir de ser padres de una niña adoptada que de su amor: en un célebre reencuentro de un episodio de la serie, la pareja protagonista hetero se besó en los labios; ellos se limitaron a abrazarse.

La autocensura o las limitaciones de los ejecutivos llegaron incluso a Ryan Murphy, productor imprescindible de la causa LGTB, y a una de sus series estrella, Glee. Kurt y Blaine, la pareja gay de la ficción, son luchadores en lo que les hace diferentes, pero poco naturales en las muestras de pasión; la ‘achuchabilidad’ de los abrazos son siempre mejor opción que los besos. También ocurría en The New Normal, otra de Murphy, con un matrimonio gay poco dado a la alcoba.

 

La televisión de los años 90

¿Qué es más sorprendente? ¿Un beso entre personas del mismo sexo en televisión o que nos sigan sorprendiendo esos detalles a estas alturas del partido? Lo que la clásica tele yanqui en abierto es capaz de mostrar aún a riesgo de dejar a su audiencia con la boca abierta evoluciona de manera desigual. Los límites de la violencia, por ejemplo, son mucho más flexibles (el caso The Following) que los del sexo homosexual, algo vergonzante e incómodo para las cadenas.

Esos recursos castradores que suelen enternecer o endurecer de forma exagerada, o eliminar directamente en los personajes gays cualquier deseo sexual, eran el día a día de la tele de los 90. Dos series icónicas de la época son claras al respecto: por un lado Ellen, primera ficción en salir del armario, con un personaje de vida sexual inexistente, y por otro Will y Grace, a cuyo protagonista le buscaban novios a distancia o le colaban tímidos besos en forma de gag.

 

El caso de Shonda Rhimes

Las series producidas por Shonda Rhimes suelen ser siempre un milagro de la representación. La paridad de mujeres y hombres de diferentes razas y condiciones sexuales a veces canta por soleares, pero el hecho de que un personaje sea negro o gay no se plantea siempre como un escollo o una cuestión definitoria a aceptar. La creadora de Grey’s Anatomy o Scandal suele ser un ejemplo a reivindicar: no solo es necesaria la visibilidad gay, también su normalización.

Tanto Callie y Arizona, la pareja lesbiana de Grey’s Anatomy, como el matrimonio formado por Cyrus y James en Scandal, han llegado a formar parte del imaginario gay en televisión, no solo por su presencia en las ficciones más vistas en EE.UU sino también por su naturalidad. Son personajes que se quieren y que además se atraen emocional y sexualmente, siempre sin pasar por alto las señales de STOP clásicas de las cadenas de TV norteamericanas.

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