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Los bisexuales salen del clóset y vuelven a abrir el debate

Fuente: The New York Times. Traducción de Jaime Arrambide.

La reciente confesión pública del deportista olímpico Tom Daley, de 19 años, despertó una ola de adhesiones y críticas por su ambigüedad.

La reciente confesión pública del deportista olímpico Tom Daley, de 19 años, despertó una ola de adhesiones y críticas por su ambigüedad.

“Por supuesto, me siguen gustando las chicas.” Esas siete palabritas, soltadas así nomás, como quien pide que no le pongan mostaza a su pancho, fueron las más comentadas y analizadas del video que Tom Daley subió a YouTube en diciembre, donde el clavadista olímpico de 19 años de origen británico anunciaba que estaba saliendo con un hombre.

Recostado sobre almohadas con la bandera del Reino Unido, Daley continuó: “Pero bueno, lo que quiero decir es que en este momento estoy saliendo con un hombre, y estoy más feliz que nunca”. El mensaje de Daley fue dulce y sencillo, y los defensores de los derechos gay le dieron la bienvenida entre sus filas a un atleta asumido y orgulloso (los comentarios más mordaces llegaron más tarde, cuando numerosos blogs y tabloides revelaron que el “hombre” en cuestión es el guionista Dustin Lance Black, 20 años mayor que Daley.)

Pero los aplausos fueron prematuros, o al menos merecían ciertos reparos. A pesar de que el hashtag #TomGayley fue tendencia en Twitter, el deportista en ningún momento del video usó la palabra “gay”, y además estaba el temita de que, “por supuesto”, le siguen “gustando las chicas”. Y aunque muchos de los comentarios apoyaban esa ambigüedad, otros fruncieron el ceño.

¿Era un descargo? ¿Un escape por la tangente? ¿Una estrategia para no perder fans? O como comentaron algunos, ¿no era voracidad, ganas de acapararlo todo? ¿O sonrojado y tímido, tal como se lo veía en el video, Daley simplemente era presa del arrebato del primer amor, un estado tan embriagador que no admite rótulos?

Sea cual sea la respuesta, la revelación reavivó un tenso debate en el seno de la comunidad LGBT, sobre todo la referida a la tercera letra de su sigla. La bisexualidad, al igual que el síndrome de fatiga crónica, suele ser considerada como algo imaginario por quienes la miran de afuera. Los estereotipos abundan: los bisexuales, o son promiscuos, o son mentirosos, o son negadores. Son gays que todavía no pueden admitir que son gays, o son “lesbianas sin título”, que hacen locuras de juventud hasta encontrar marido.

“Las reacciones que uno observa son clásicas. La gente no cree en la existencia de la bisexualidad, siente que es una etapa transicional o una forma de seguir en el placard”, dijo Lisa Diamond, una profesora de la Universidad de Utah que estudia las diversas orientaciones sexuales.

Según Diamond, los estudios poblacionales revelan que la bisexualidad es de hecho mucho más común que la atracción exclusiva por el mismo sexo, y que la libido femenina, en particular, es de final abierto. Eso tal vez explique por qué la bisexualidad femenina es más visible en la cultura popular, desde la canción I Kissed a Girl (“Besé a una chica”) de Katy Perry, hasta la película The Kids Are Alright (Los chicos están bien) o la serie de Netflix Orange is the New Black . Y si a los hombres heterosexuales los excita, no hay problema…

En un reciente ensayo de The New York Times, donde revelaba su relación con otra mujer, la actriz Maria Bello escribió: “Siempre sentí que las relaciones y los afectos eran algo que fluye y evoluciona”. Antes de casarse con Bill de Blasio, actual alcalde de Nueva York, Chirlane McCray se identificaba como lesbiana, un dato que pasó a formar parte de las credenciales progresistas de su familia gobernante de Manhattan.

La bisexualidad masculina, por el contrario, es un tema más espinoso, y gran parte del escepticismo proviene de los hombres homosexuales.

Tras el anuncio de Daley, Ann Friedman posteó una predicción en el blog The Cut, del New York Magazine: dijo que a medida que evolucionen las costumbres “de género”, la bisexualidad masculina será cada vez más visible. “Las definiciones tradicionales de masculinidad -que suelen ir de la mano de la homofobia- están actualmente en un tembladeral, cada vez son más los hombres hetero que admiten sentirse excitados por ciertas prácticas sexuales asociadas con los gays”.

El comentarista gay conservador Andrew Sullivan se apresuró en contestarle desde The Dish, su propio blog: “Sospecho que a pesar de los sueños de Friedman, siempre habrá muchos menos hombres que trasciendan las categorías sexuales tradicionales, porque la sexualidad masculina es mucho más cruda, simple y binaria que la femenina“. Sullivan calificó la afirmación de Daley sobre su gusto por las chicas como “un clásico mecanismo puente para facilitar la transición hacia su verdadera identidad sexual. Y sé de lo que hablo porque también yo hice lo mismo”.

La descalificación de Sullivan refleja el desdén que demuestran muchos hombres gay hacia los bisexuales, especialmente hacia los más jóvenes. En cierto sentido, tienen razón: muchos hombres gay, en especial durante décadas menos tolerantes, utilizaron la bisexualidad como una “parada en la autopista hacia la homosexualidad”, por utilizar un chiste de la serie Will & Grace.

Las lesbianas no son inmunes a este tipo de resquemores. Incluso después de que McCray se casó con De Blasio, algunas de sus “amigas lesbianas separatistas”, como las describe el New Yorker, se negaron a aceptar su nueva vida en Prospect Park.

Esas ideas irritan a los defensores de los derechos bisexuales, para quienes esa animosidad en los círculos homosexuales es evidencia de su “bifobia”.

Se trata de una noción que ha encontrado cobijo repetidamente en las páginas del columnista sobre sexo, Dan Savage.

En 2011, el bloguero Chris O’Guinn acusó a Savage de “decir cosas abiertamente insultantes, crueles y dañinas sobre los bisexuales”, incluyendo su comentario en el documental Bi the Way , donde dice: “Conocí a uno de 19 años que me dice que es bisexual, y yo le digo, «Sí, sí, cómo no. Volvé cuando tengas 29 y hablamos»”.

Asediado por haber hecho esos comentarios, hace unos meses Savage hizo un video para The Dish, con el objetivo de dejar en claro sus opiniones.

“Reconocer que esto ocurre, que hay gente que se identifica brevemente como bisexual antes de asumirse como gay -no todos los bisexuales lo hacen, pero sí muchos gays- no debería ser considerado como bifóbico”, dijo Savage, y mencionó a la estrella del pop británico Mika como una celebridad gay que originalmente se dijo bisexual.

Parte de la confusión de Savage, explicó él mismo, fue un estudio de 2005 en el que investigadores de la Universidad del Noroeste sembraron dudas sobre la real existencia de la bisexualidad masculina, después de haber monitoreado la respuesta genital de los sujetos de estudio frente a la reproducción de imágenes eróticas. Seis años después, un estudio de seguimiento de la misma universidad concluyó exactamente lo contrario: la bisexualidad masculina es un hecho.

¿A qué se debió el cambio? Mientras que el primer estudio reclutó a sus sujetos de estudio a través de publicaciones orientadas a los gays e incluyó hombres que se identificaban como gays, heteros o bisexuales, el segundo estudio los reclutó de espacios específicamente destinados a los bisexuales, o seleccionó sólo a aquellos que realmente habían salido tanto con hombres como con mujeres.

Las activistas bisexuales aplaudieron los nuevos resultados, aunque algunos señalaron que la respuesta física es apenas un ingrediente de la orientación sexual, que además también surge de la intimidad emocional.

De hecho, ni Daley ni Bello usaron el término “bisexual”, sino que ambos se refirieron a la arrasadora potencia de una relación en particular, y no hablaron de un cambio de identidad. A Bello, de hecho, le alcanzó con llamarse a sí misma una “lo que sea”.

Sólo un puñado de celebridades se han animado a adjudicarse ese rótulo, y en general lo hicieron con todo tipo de salvedades.

Alan Cumming, casado con el ilustrador Grant Shaffer, dijo recientemente a la revista Instinct: “Me sigo definiendo como bisexual, a pesar de haber elegido estar con Grant. La forma femenina me atrae sexualmente aunque esté con un hombre, y la verdad es que siento que los bisexuales tienen mala prensa”. Cynthia Nixon, que se casó con una mujer después de tener hijos con un hombre, dijo en 2012 a The Daily Beast: “No uso la palabra bisexual porque los bisexuales no le gustan a nadie. La gente no hace otra cosa que hablar mal de los bisexuales“.

Pero evitar los rótulos también tiene su precio entre los activistas gay, para quienes la visibilidad ha sido un arma poderosa contra la intolerancia.

Ellyn Ruthstorm, presidenta del Centro de Recursos Bisexuales, en Boston, dijo que Nixon “es muy aceptada dentro de la comunidad LGBT, pero sabe que andar diciendo que una es bisexual puede resultarle muy perjudicial”. Y agregó: “Muchos sienten que no pueden usar tranquilos la «palabra con B». Y eso es muy difícil de aceptar por nuestra comunidad, porque nosotros necesitamos ejemplos afirmativos”.

La flamante primera dama de Nueva York no será uno de esos ejemplos afirmativos, claramente. Cuando un periodista de Essence sacó a relucir la “palabra con B”, McCray respondió: “Soy mucho más que un rótulo. ¿Por qué tanta insistencia de la gente en colocarnos en algún casillero dentro del espectro sexual? Las etiquetas encasillan a la gente, y esos casilleros tienen la forma de ataúdes“.

En el caso de Daley, la diferencia tal vez sea generacional. Para quienes ya crecieron en un mundo más integrado, puede que los rótulos como “gay” o “bisexual” no tengan ningún valor específico, ya que las comunidades a las que esas etiquetas refieren ya no viven marginalizadas.

“La generación de los más jóvenes parece mucho más abierta a la bisexualidad, tanto de hombres como de mujeres, y suelen rechazar los rótulos”, dijo Diamond. “Saben que la sexualidad es una cosa complicada, y que siempre y cuando tengan en claro con quien se quieren acostar, no importa el rótulo que les quepa”.

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