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Las historias LGBT en el cine de ámbito general

Fuente: InOut Post, EGF and the City

Una escena de "La vie d’Adèle" la controvertida y multipremiada película de temática lésbica dirigida por Abdellatif Kechiche.

Una escena de “La vie d’Adèle” la controvertida y multipremiada película de temática lésbica dirigida por Abdellatif Kechiche.

¿Qué tienen en común las películas Pelo malo, Matterhorn y La vie d’Adèle? Fácil: las tres plantean historias no heterosexuales y las tres han sido galardonadas en 2013 en algunos de los festivales internacionales de cine generalista más prestigiosos del mundo.

La película Pelo Malo, de la venezolana Mariana Rondón, se llevó la Concha de Oro a la mejor película en el Festival de Cine de San Sebastián, contando la historia de una madre angustiada ante la perspectiva de que su hijo pudiera ser homosexual. Un éxito que se suma a los que otras películas de temática LGBT consiguieron en 2013 en sendos festivales de cine internacionales de ámbito general.

El prestigioso Festival de Cannes no dudó en encumbrar La vie d’Adèle; mientras que en el Festival Internacional de Cine de Moscú, otra película que planteaba una temática LGBT, la holandesa Matterhorn, se llevó el premio del público y el de la crítica. Y no son los únicos galardones conseguidos por estas tres historias que enarbolan la bandera multicolor, aunque sí son los más importantes.

 

De premios y contradicciones

No deja de ser sorprendente, o al menos curioso, que estemos hablando del triunfo y el reconocimiento de historias LGBT en festivales de cine generalistas celebrados en países como España, donde, a pesar de que se aprobó por ley el matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005, los últimos años de gobierno ultra conservador no están siendo precisamente un campo abonado para los avances en este tema. ¿Y qué decir de Francia, que no legalizó las uniones homosexuales hasta 2013, entre fortísimas protestas de los sectores sociales más conservadores? Y ya que hablamos de premios, la Palma de Oro a la homofobia institucionalizada se la lleva Rusia, donde se aprobó la entrada en vigor de la polémica Ley Contra la Propaganda Homosexual también en 2013, concretamente en el mes de junio, por 436 votos a favor y ninguno en contra.

Como poco, la principal conclusión que podemos extraer de un panorama tan contradictorio es la constatación, una vez más, de que la cultura siempre es más abierta de miras que la política, y que el público espectador quiere historias que le conmuevan apelando a su sensibilidad y a su intelecto, sean del color y la orientación que sean.

 

“Si tu hijo fuera gay, ¿lo querrías igual?”

Una escena de "Pelo Malo", dirigida por la venezolana Mariana Rondón.

Una escena de “Pelo Malo”, dirigida por la venezolana Mariana Rondón.

Este podría ser el planteamiento inicial de Pelo malo, dirigida por la venezolana Mariana Rondón, que cuenta la angustia de una madre ante la “sospecha” de que su hijo de nueve años pueda ser gay. ¿Y qué le hace pensar eso? Nada, pequeños detalles como querer alisarse el pelo afro para hacerse la foto del anuario escolar y verse a sí mismo más guapo para que su madre le quiera más, aunque no parece conseguirlo.

Además de la Concha de Oro a la mejor película en el Festival de San Sebastián, este drama consiguió seis premios más en 2013, el año de su estreno: mejor director y mejor guión en el Festival de Mar de Plata; mejor guión y mejor actriz en el Festival de Cine de Torino; Premio Scuola Holden al mejor guión y Premio Achille Valdata de los lectores del diario La Stampa.

Y que conste que en Venezuela no existe de momento ninguna ley que reconozca las uniones entre parejas homosexuales, aunque el Tribunal Supremo de Justicia de aquel país decidió en 2007 otorgarles todos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, a pesar de que la Constitución venezolana no les reconoce una protección especial equiparable al matrimonio o concubinato entre un hombre y una mujer. Tres años más tarde, en 2010, un decreto del ex presidente Hugo Chávez permitió el acceso a las parejas homosexuales al pacto civil de solidaridad o sociedad de convivencia, pero sin otorgarles la igualdad plena de derechos con el matrimonio.

 

El estigma de la enfermedad

Una escena de "Matterhorn" del director holandés Diederik Ebbinge.

Una escena de “Matterhorn” del director holandés Diederik Ebbinge.

El desequilibrio mental y la enfermedad en general han ido ligados a la homosexualidad hasta hace muy poco tiempo, y en algunas partes del mundo no hay duda de que siguen estándolo. Quizá fue este el punto de partida que el director holandés Diederik Ebbinge escogió para su película Matterhorn, que cuenta la historia del calvinista devoto Fred, quien, tras enviudar y conocer a Theo, un adulto con una edad mental de cinco años, lo acoge para cuidarlo como un padre. Hasta que un buen día, Theo le pide que se case con él. Y la petición, claro, desencadena una cascada de sentimientos, secretos, remordimientos y tabús que ponen en duda la consistencia de ese tabique que parece separar a heterosexuales y homosexuales.

Además del premio del público y el de la crítica en el Festival Internacional de Moscú, Matterhorn se llevó también en 2013 el premio Pilar Miró al mejor nuevo director en la Seminci de Valladolid.

Mientras que los Países Bajos fueron pioneros en legalizar las uniones entre personas del mismo sexo en 2001, hoy en día el 74% de la población rusa opina que la homosexualidad no debería ser aceptada y tan solo un 1% respeta a gays y lesbianas. Salir del armario en Rusia en pleno siglo XXI significa, entre otras posibles desgracias, perder el trabajo y arriesgarse a sufrir persecución por parte de grupos neonazis.

 

¿Orgullo lésbico o morbo heterosexual masculino?

Y la polémica llegó con La vie d’Adèle, obra maestra según algunas opiniones, mero ejercicio de pornografía para miradas masculinas según otras. La división de criterios sobre esta película es tan amplia que incluso se han publicado argumentos a favor y en contra en un mismo medio de comunicación, como por ejemplo el diario El Periódico de Catalunya o la revista cultural Time Out.

La polémica también ha sido —y sigue siendo— especialmente intensa dentro del colectivo de lesbianas, hasta el punto de que la archifamosa escena de sexo entre las dos protagonistas, Adèle y Emma, ha sido visualizada, estudiada, analizada y diseccionada por grupos de lesbianas, con el objetivo de emitir su opinión públicamente. El resultado puede verse en numerosos vídeos que recorren las redes sociales virtuales, pero lo cierto es que las opiniones no dejan de ser diversas y contradictorias. Y con cada una de ellas, ya sea a favor o en contra, crece la leyenda que ya envuelve a una película que, seguramente, pasará a ser un clásico de la cinematografía lésbica.

Puesto que es imposible pontificar en cuestiones de sexo, hasta cierto punto es lógico que no haya acuerdo entre quienes ven la escena como una mera coreografía, fría y calculada, y quienes ven en ella el máximo exponente del erotismo y la entrega total entre dos mujeres. Ni siquiera Julie Maroh, autora de la novela gráfica Blue que dio pie a la película, se ha mostrado satisfecha con la adaptación del director, Abdellatif Kechiche.

Además de la Palma de Oro a la mejor película y el premio Fipresci en el Festival de Cannes, La vie d’Adèle se ha llevado otros galardones y nominaciones importantes que la avalan como una firme candidata a los Oscar de Hollywood: premio del Círculo de Críticos de Nueva York como mejor película extranjera, nominación a los Premios del Cine Europeo a la mejor película y al mejor director, nominación a los Independent Spirit Awards como mejor película extranjera y 3 nominaciones, incluyendo la de mejor film extranjero, a los Satellite Awards.

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