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Una noche en el club gay más popular de Sochi

Aunque su alcalde asegure que entre los 370.000 habitantes no hay gays, en la ciudad sede de los actuales Juegos Olímpicos de Invierno pueden encontrarse espacios de encuentro para nuestra comunidad. Durante el fin de semana, algunos medios instalados en Sochi para la cobertura del evento deportivo también se hicieron tiempo para darse una vuelta por el Mayak, el club gay más popular del lugar.

Un centenar de personas colmaron este sábado el Mayak, el club gay más popular de Sochi.

Un centenar de personas colmaron este sábado el Mayak, el club gay más popular de Sochi. (Imagen: David Goldman / AP).

SentidoG (con información de La Capital, El Nuevo Herald y The Washington Post)

(Sochi) Es sábado por la noche. Un cartel informa el costo de la entrada: 500 rublos (14 dólares) para los hombres; 1.000 para las mujeres. Los visitantes son recibidos, todavía en la calle, por un hombre bajito, vestido de esmoquin. Durante un breve saludo, el anfitrión sondea a los visitantes con sus ojos destacados con abundante maquillaje y luego hace sonar el timbre de la puerta blindada del edificio de un piso. La entrada está librada. Bienvenidos al Mayak, el club gay más popular de la ciudad de Sochi.

Adentro, cerca de un centenar de personas colman el lugar. Unos bailan, otros observan desde los sillones. Hay parejas que se besan, que demuestran su afecto sin miedo. Y hay mucha más gente que se agolpa en la barra y pide copas toda la noche. Los camareros están vestidos con camisetas de cuero con lentejuelas que dejan el ombligo al aire. No dan abasto, pero nadie se enoja. Todos ríen.

Los periodistas no pueden evitar las preguntas sobre las leyes anti-gay que imperan en la ciudad, en el país. Pero los hombres y las mujeres del Mayak evitan responder; ellos no hablan de política y nadie contempla salir a protestar. Todos esperan el espectáculo de transformistas, que es el plato fuerte del club.

Zaza Napoli (izquierda) todavía está terminando de caracterizarse, cuando Miss Zhuzha va camino al escenario del Mayak. (Imagen: David Goldman / AP).

Zaza Napoli (izquierda) todavía está terminando de caracterizarse, cuando Miss Zhuzha va camino al escenario del Mayak. (Imagen: David Goldman / AP).

Miss Zhuzha ha terminado de caracterizarse y se encamina al escenario. Con 44 años de edad, lleva dos décadas haciendo presentaciones como drag, luego de dos años de servicio con el ejército soviético en Alemania Oriental bajo el nombre de Andrei Sarkisian. En el camarín queda Zaza Napoli, otro transformista muy conocido en Rusia, que entre risas ultima los detalles de su vestuario.

A la 1:30 de la mañana las luces se apagan, la música se detiene y comienza el show. Un video muestra a una niña cantando el himno de Rusia, acompañada por unas banderas con la estampa del arcoíris que flamean más allá de toda represión. La gente del Mayak se pone de pie para sumar su canto. Tras los últimos acordes, Zhuzha y Zaza irrumpen en escena para interpretar otro himno: “I’ll survive”, la versión de Gloria Gaynor, y el club tiembla del piso hasta el techo con el clamor de cien personas borrachas de libertad.

 

Confesiones de sábado a la medianoche

La mayoría de la clientela del Mayak prefiere evitar las cámaras y mantener el anonimato. Pero ese no es el caso de Andrei Ozyorny, de 24 años, oriundo de Sochi y cliente regular del club. Andrei pasó dificultades en su adolescencia para definir su orientación sexual. Ahora teme que la ley complicará mucho más la vida a los jóvenes rusos. Por eso no dudó en enviarle una carta a Anatoli Pajomov, alcalde de Sochi, luego de sus recientes declaraciones en las que aseguraba que en su ciudad no había gays. “Un gusto conocerlo, yo soy uno de ellos”, le escribió Andrei.

Alexei vino desde Moscú para ver los Juegos y para conocer el Mayak.

Alexei vino desde Moscú para ver los Juegos y para conocer el Mayak.

Alexei llegó el mismo sábado junto a un amigo, desde Moscú, para ver hockey femenino y alguna competencia alpina. Pero ahora su amigo duerme en el hotel y él ha venido solo al Mayak. “Se ha quedado allí y yo le he dicho que iba a otro lado porque no sabe que soy homosexual. Aunque quizá él está en otro club”, cuenta riéndose el ruso de 26 años, con un vaso de vodka en la mano. Ahí no tiene nada que ocultar y puede decir sin miedo que es gay. “Yo creo que nunca se lo diré a mis padres”, confiesa al lado de varias parejas que se besan y acarician apasionadamente.

David Pichler, un clavadista estadounidense y ex capitán del equipo de su país en los Juegos de Sydney, también se encontraba en el club. Dos días antes, se había reunido con un grupo de activistas LGBT que posteriormente fueron detenidos en Moscú y en San Petersburgo por mostrar banderas con los colores del arcoíris. “Da miedo que la gente joven no pueda mostrar su orientación, o que se diga que defender los derechos de los gays es algo que hace que la gente sea gay; básicamente está diciendo que estás contra la corriente”, opinaba el deportista.

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