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“A escondidas”, una historia de amor gay adolescente en el Festival de Málaga

Fuente: Diario Sur

El cineasta vasco Mikel Rueda rompe con los tópicos sobre las relaciones gays y la inmigración con una historia "tierna" sin sexo ni violencia.

El cineasta vasco Mikel Rueda rompe con los tópicos sobre las relaciones gays y la inmigración con una historia “tierna” sin sexo ni violencia.

Le ha costado siete años sacar adelante la película. No es fácil encontrar financiación, menos aún si se trata de un guión con “ingredientes complicados”: una historia de amor homosexual entre un adolescente marroquí y otro español. Por eso cuando la prensa le reconoció su valentía por abordar ese argumento sin caer en los tópicos, sin recurrir al sexo ni a la violencia, Mikel Rueda se emocionó. El director vasco presentó su opera prima A escondidas en competición oficial en el Festival de Cine de Málaga, una película sobre un “tierno” primer amor homosexual y sobre el poder de la “presión del grupo” en temas todavía tabúes. “Parece que hemos avanzado mucho, pero socialmente queda mucho camino por hacer, sobre todo entre los chavales”, apuntó el cineasta y guionista.

A escondidas “habla del momento en el que te estás buscando a ti mismo, en el que necesitas construirte como persona”. Y, en ese punto, dos chicos de unos quince años perdidos en sus respectivos mundos se reconocen el uno en el otro y empiezan a sentir cosas. Entre ellos, Rafa e Ibra, surge entonces un “amor inocente” que se enfrenta al miedo al qué dirán. “A partir de los 18 años parece que la homosexualidad está aceptada, pero antes de esa edad todavía se tiene mucho respeto y es absurdo porque se empieza a sentir a edades tempranas”, señala Rueda.

La “presión del grupo” se hace notar en público pero también en privado. “Ni estando a solas y a escondidas de todos son capaces de superar ese ruido mental que tienen en la cabeza. Eso ocurre y es muy heavy. Cuando ves que puedes y te bloqueas, queríamos mostrar ese vértigo”, apunta el cineasta. Apenas se ve un beso en la cinta, porque lo “fácil” hubiera sido mostrar una escena de sexo, “pero queríamos ir más allá”. A esto se une, además, el tema de la inmigración al ser uno de los chicos español y el otro marroquí. “Y en eso también somos un poco hipócritas todavía”, afirmó Rueda, que refleja en su película el rechazo que existe entre los dos grupos.

Tantos reparos existen en abordar la homosexualidad entre adolescentes que Rueda no quiso develar hasta el final el guión de la película a los actores. “Si lo hubiera hecho, en lugar de 3.000 se hubieran presentado 100 al casting“, argumentó. Germán Alcarazu y Adil Koukouh fueron finalmente los elegidos y para ambos esta es su primera película.

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Superar barreras

En un primer momento también ellos sintieron esa presión que subyace en toda la película y tuvieron que trabajar duro en los ensayos. “Fue un poco incómodo al principio, pero superadas las barreras todo fue mucho más fácil”, declaró Alcarazu. “Me costó mucho, pero yo soy un actor y este es mi trabajo“, añadió Koukouh. Hoy solo tienen palabras de elogios el uno para el otro. “Es un pedazo de actor y majísimo”, dijo Alcarazu. “Germán va a llegar muy lejos porque es muy grande”, siguió Koukouh. Alcarazu dijo reconocerse en la “sensibilidad” de su personaje; mientras que su compañero admitió sentirse identificado con el rechazo que Ibra sufre por ser de Marruecos. “A mí me ha parado la policía solo por ser marroquí. Eso ocurre y espero que cambie”, resaltó.

Rueda, acompañado en la conferencia de prensa por el legendario actor Álex Angulo, alabó el buen trabajo de los jóvenes protagonistas, “porque si ellos no están bien, la película se cae”. El director les dejó libertad, no quiso “encorsetarlos” a un guión y les dejó improvisar. De lo contrario, “no iban a sentirse cómodos”, explicó.

El argumento se acompaña a nivel técnico de una estructura no lineal, con constantes saltos en el tiempo en la primera parte. El objetivo es “confundir, que el espectador esté perdido igual que lo están los mismos personajes”. Y a medida que los jóvenes protagonistas se sienten a gusto, “la historia gana linealidad”. En plena era digital, A escondidas se rodó en celuloide. “El 16 milímetros da una textura que ayuda a que la historia tenga una cercanía más visible”, defendió Rueda.

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