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Alejandro Paker: pura magia

Por Esteban Rico (SentidoG)

Alejandro Paker es Tick en Priscilla, la Reina del Desierto, el musical basado en el film australiano de Stephan Elliott.

Alejandro Paker es Tick en “Priscilla, la Reina del Desierto”, el musical basado en el film australiano de Stephan Elliott.

Alejandro Paker no es mago, pero sí hace magia. Ya sea en la comedia musical, como en el drama o en espectáculos infantiles, el actor rosarino brilla con luz propia. Desde su papel como el legendario maestro de ceremonias en Cabaret, la carrera de Alejandro ha ido en franco ascenso, hasta posicionarse como uno de los actores de teatro más talentosos y prolíficos de los últimos años.

Luego de papeles en obras como la exitosa Casi Normales, El Principito, Company y El Hombre Elefante, para la cual se sometió a una impresionante transformación física, llega otro punto alto en su carrera, un sueño suyo hecho realidad. Alejandro es Tick, el personaje principal del musical Priscilla, la Reina del Desierto, basado en la icónica película queer australiana de la década del 90 junto a Pepe Cibrian Campoy, Juan Gil Navarro y un elenco enorme, en tamaño y en talento.

SentidoG tuvo la oportunidad se sentarse a charlar con Alejandro sobre su papel en Priscilla, acerca del quiebre en su carrera que representó Cabaret, de sus compañeros de elenco y sobre cómo la temática de la obra puede ayudar a cambiar la percepción de la gente acerca de la diversidad sexual.

Contanos acerca de Tick, tu personaje en Priscilla.

Tick es un cuarentón que está en crisis con su profesión. Él es transformista y no se halla en el lugar donde está laburando, se siente rechazado. Está en esa etapa de la vida en que uno se siente en meseta, que te das cuenta que necesitas un cambio. Justo en ese momento se comunica Marion, su ex mujer, para decirle que es hora de que vaya a conocer a su hijo. Benji ya tiene 7 años y quiere saber quién es su padre y lo quiere conocer. Tick es gay, es homosexual declarado. No sabemos bien si esto fue una noche de alcohol entre Tick y Marion o no. Igual lo interesante es que hoy en día ellos tienen una muy linda relación, de mucho respeto de ambas partes.

¿Se sabe en la obra cuál es la sexualidad de Marion?

No sabemos si Marion es lesbiana. En la película sí lo es, pero acá no se aclara. En realidad, ningún personaje termina de aclarar su sexualidad. “No hay que aclarar porque oscurece”, diría mi abuelo.

¿Cómo se introducen los personajes de Pepe y de Juan en la historia?

Tick frente a esta presión de su ex mujer y su crisis personal, decide llamar a dos amigos. Bernadette, que es una transexual con la que ha trabajado varias veces y con quien ha salido de joda. Y Adam, que es más drag que transformista y fanática de Madonna. Con el pretexto de salir a hacer un show juntos, los invita a montar un espectáculo en el casino donde trabaja Marion. Por debajo está algo que ellos no saben, que es que Tick quiere ir a ver y a reencontrarse con su hijo.

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¿Habías visto la película o alguna otra puesta del musical antes de que te convocaran?

La película la vi miles de veces. La puesta tuve la chance de verla en Broadway en el 2012 cuando al elenco de Casi Normales nos invitaron a la entrega de los premios Tony, pero no se dio. Mirá que loco, yo me saqué una foto señalando la marquesina del teatro con el deseo de algún día poder hacer ese musical. Creo que de alguna manera fue premonitorio.

¿Cómo te parece que Tick maneja el tema de su sexualidad en la obra?

Tick tiene cierto prejuicio con su sexualidad, con que esto se evidencie. Él no es el más asumido de los tres. Es el personaje que más se desdobla, lo vamos a ver muchas veces vestido de varón y es sólo para su trabajo cuando se viste de mujer. Le gusta, lo disfruta, se divierte. Creo que estos tres personajes a través de su arte, el transformismo y el dragqueenismo, subliman sus vidas. Y me parece que es el ámbito donde Tick se mueve con mayor libertad, donde puede estar a sus anchas. Mi personaje es el más culposo, pero la culpa no subraya a todos los personajes. Y la obra es el camino, el viaje de estos personajes, ya que cada uno de alguna manera está perdido. Yo le veo una analogía con El Principito; como Antoine de Saint-Exupéry, ellos se pierden en el desierto y ahí se empiezan a encontrar con lo que se tienen que encontrar. Inclusive con el rechazo de varias personas, con la aceptación de otras, con el respeto de otras.

¿Cómo te preparaste para el personaje? El tema del montaje, tacos, maquillaje, vestidos…

Yo venía de hacer El Hombre Elefante, para ese personaje tuve que bajar 10 kilos. Me cagué de hambre haciendo esa obra, la pasé mal, me despertaba sonámbulo adentro de la heladera comiéndome los calditos Knorr Suiza. Me tuve que dejar crecer el pelo porque estaba totalmente rapado y empecé una dieta para engordar. De alguna manera, el Tick que dibujamos con Valeria (Ambrosio, la directora de la obra) tiene una obsesión por el cuerpo, es el más atlético de los tres. En cierta forma, representa un modelo de hombre gay. Para mí no fue una complicación el tema del montaje porque en Cabaret ensayé con tacos, aunque después se hizo con borcegos. Sí empecé a entrenar con un maestro de baile que da clases con tacos para lograr la movilidad y tuvimos un entrenamiento con un asistente de coreografía un mes antes del estreno. El resto no fue problemático para nada. Todo eso yo ya lo incorporé después de Cabaret; depilarme, ponerme extensiones, teñirme el pelo. Para mí es parte de la preparación. Es parte del trabajo, no es una tortura, sino todo lo contrario.

Hablando de Cabaret, ¿podrías decir que esa obra fue un antes y un después en tu carrera?

Totalmente. En el año 2006 cuando fueron las audiciones, yo venía de un año sin trabajo, medio desesperado y con la posibilidad de ir a España a buscar laburo porque acá no pasaba nada. Inclusive ese año audicioné para varios espectáculos que se hicieron acá y no quedé en ninguno. Y Cabaret era la última oportunidad, si no quedaba, me iba. No sé si debo haber puesto todo de mí o que pasó, se deben haber alineado los astros. Yo en el 2001 ya había audicionado para Cabaret, que al final no se hizo por el quilombo que hubo en el país ese año, pero igual no había quedado. Pasaron 5 años, que en la preparación y la maduración de un actor es mucho. Y entendí por qué no había quedado en ese momento. Y así fue como en el 2006 me gané ese maestro de ceremonias, con mucho laburo. Y a partir de ahí, me empezaron a llamar. Creo que lo que cambió fue eso, las posibilidades de tener más trabajo.

Y después vino Casi Normales que fue un furor.

Si, aunque en el medio hice un montón de cosas. Yo creo que a la obra le ha ido tan bien porque es muy fuerte la identificación con los personajes. Es un espejo muy grande lo que propone la obra. Aparte, tiene una dramaturgia excelente, la historia te va sorprendiendo constantemente y eso también es atrayente para bancarte dos horas de espectáculo. También creo que ha tenido mucho que ver su director, Luis Romero, que puso en primer plano la dirección actoral por sobre la puesta en escena, que es algo poco habitual en los musicales. Y eso creo que se vio en la obra, a los personajes se los veía auténticos, verdaderos, honestos. Cuando Brian Yorkey, el autor de la obra, vino acá para ver la puesta, le preguntamos qué nos aconsejaba para hacer Casi Normales. Y él nos dijo: “sean lo más honestos posibles”. Y esa fue la premisa y lo que creo que provocó y sigue provocando que la obra despierte ese fanatismo en la gente.

Contanos un poco acerca de tus dos compañeros de elenco.

Juan es un compañero entrañable; estuvimos a punto de trabajar juntos hace unos años y nos quedamos con las ganas. Y con Pepe yo empecé, yo soy un chico Cibrián como la gran mayoría de los que hacemos teatro musical. Pero acá la diferencia es que somos compañeros. Y la verdad es que se ha generado un vínculo de mucha ternura y de mucha solidaridad entre los tres. Esto es algo que tiene mucho que ver con Valeria Ambrosio, nuestra directora. Pase lo que pase, la obra se tiene que seguir contando y se tiene que ver este vínculo de hermandad entre nosotros. Entre los tres formamos una familia, podemos llegar a tener nuestras diferencias individuales a la hora del trabajo, pero fuimos amoldándonos el uno al otro. Y esto es algo que se fue dando paulatinamente y creo que se ve en el espectáculo. A mí Pepe me genera mucha ternura porque yo lo veo como una especie de madre, Bernadette es como una madre para nosotros dos. Funcionamos también un poco como marido y mujer y nuestro hijo rebelde es Juan. De alguna manera, yo creo que somos como Los Tres Chiflados. Cada uno tiene su estilo de humor que hemos podido poner al servicio de estos personajes y de la relación que tienen entre ellos.

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¿Crees que la sociedad está más preparada para ver este tipo de obras de temática o con personajes gays y trans?

Creo que no existe una verdad absoluta al respecto porque las realidades cambian, si comparás a la gente de capital con la de provincia y con la del interior. A veces creo que el tema del respeto y la aceptación es medio careta porque se contradice con otras acciones. Creo que hay mayor información, me parece que hemos avanzado como sociedad. Pero yo siento que todavía existe el prejuicio, no está del todo superado, no es honestamente aceptado, ni querido, ni deseado. Pero igual, en estos últimos años con lo que le sucede a nuestro país, me he dado cuenta que el ser humano en sí siempre tiene el gen del prejuicio. Siempre hay un motivo por el cual descalificar o discriminar. Somos así, somos prejuiciosos, especialmente ante lo que no conocemos, a lo que le tenemos miedo. Me parece que es lo que nos sucede a los argentinos, que somos contradictorios y ambivalentes.

¿Cuál ha sido la reacción del público después de ver la obra?

Hasta ahora he tenido la mejor de las devoluciones. Lo mejor son los abrazos a la salida. Porque si bien es una obra que entretiene y divierte muchísimo porque tiene mucho humor, también tiene una profunda ternura. Y la gente se va con ganas de bailar, de irse a la disco, pero con el corazón lleno.

¿Te parece que la obra puede ayudar a cambiar la mentalidad de ciertas personas?

No sé si cambiar, pero al menos te va a hacer pensar algo, te va a hacer dudar de lo que vos crees que es tu verdad absoluta, que existen otras verdades. Yo creo que el personaje de mi hijo Benji es el que, desde la transparencia, desde la honestidad que tiene un niño, manifiesta que la orientación sexual del padre no le interesa, que eso no es lo importante. Lo que importa es lo que generen entre ellos, el vínculo que tengan. Acá creo que Benji es el que nos pega un cachetazo a todos los adultos. Me parece que eso es lo que más impacta a la gente, que me venga a decir un pendejo de 7 años que estoy equivocado… Es maravilloso y hasta Tick se da cuenta, porque él reacciona desde el prejuicio que tiene consigo mismo. Que su hijo le diga: “papá, está todo bien, ¿podemos seguir jugando?”. Se lo dice con naturalidad y con respeto, creo que eso es lo más importante. El respeto a la diversidad, a tu elección, la que sea.

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Priscilla, la reina del desierto, en el teatro Lola Membrives. Funciones de miércoles a domingos. Entradas en venta por Ticketek.

 

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