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En primera persona | Fotógrafo vendimiero

Este año SentidoG quiso estar presente en una de las fiestas más importantes de la comunidad LGBT de Argentina, con prestigio internacional: la Vendimia para Todos. Es por eso que acreditamos a Alberto Teleuko, nuestro intrépido fotógrafo, quien, más allá de algunos contratiempos y desventuras, cubrió en imágenes la 19° edición de “la noche más larga de tu vida”. Aquí, su anecdótico testimonio.

Testimonio exclusivo y un tanto bizarro de un fotógrafo de SentidoG.

Testimonio exclusivo y un tanto bizarro de un fotógrafo de SentidoG (Imagen: Alberto Teleuko).

“¡No tenés cómo perderte!”, me mintieron los editores de SentiodoG, cuando me dieron la dirección del Arena Maipú Stadium, así de pelada y sin mayores detalles. Llegar, llegué; pero ¿por dónde entrar? Tuve que consultar desesperadamente a un patova que controlaba uno de los ingresos, e incluso molestar por teléfono a Luz, de la empresa organizadora, para finalmente acceder al área de prensa de la Vendimia para Todos. Porque si fuera por la gente que me envió… [Nota del Editor: Ok, Teleuko, captamos el mensaje].

En fin, pasado el estrés… ¡no saben qué lugar! Es como un Luna Park, pero conectado con un hotel cinco estrellas, en donde también hay un casino y otros lugares para tomar algo. Un complejo muy impactante, a unos 15 kilómetros del centro Mendoza, en medio de la nada [NdE: Opinión sobredimensionada de un típico porteño].

Me dirigí al escritorio de las acreditaciones y me pusieron el brazalete de la verdad, ¿era así? [NdE: Nop. El de la Mujer Maravilla era el “lazo” de la verdad; qué poca cultura pop]. Feliz de la vida, me acerqué a la carpa de prensa, donde tendría lugar un cóctel de recepción. En la carpa: sillones, puffs y una barra. Todo muy blanco. Unos mozos inauguraron el bandejeo, que incluía vino blanco y gaseosas. Opté por evitar el alcohol, porque con el estómago vacío la quedaba ahí. Cuando me estaba por terminar el primer vaso (y ya con urgentes necesidades de hacer pis), llegaron los bocadillos y pinchos de salmón ahumado, las empanaditas de jamón y queso. Y también el tinto. ¡Mierda! Me aguanté. No podía dejar de probar un tinto vendimiero. Y agarré el salmón y la empanada. Y llegaron las bandejas con variedad de fiambres. ¡Mierda, carajo! Quería probar todo, pero ya no me quedaban manos. Y engrasé el lente de la cámara. Y entraron Gabriel Canci y Daniel Ambrosino, los conductores. Tragué sin masticar, largué el tinto y me puse a trabajar, que para eso fui.

No fue fácil. Había muchos fotógrafos con power machines, mejores equipos que el mío [NdE: Miralo cómo se mide…]. En general, eran medios locales. También estaban las cámaras de los canales provinciales, como el 7 y Acequia TV. Y había un canal chileno, con una movilera trans que era un amor. Y empezó a llegar más gente. La reina y el rey de la edición anterior, candidatas y candidatos de esta, Tito Bustos… Bueno, y otras figuras locales [NdE: Discúlpenlo; hace lo que puede]. De pronto noté que me faltaba luz, pero luego me di cuenta que era la sombra de las pestañas de Maverick, que esa noche se había vuelto dorado y me sacaba dos o tres cabezas, montado en unas plataformas imposibles [NdE: Ver imágenes más abajo].

Luego de un buen rato, repartieron la mousse de chocolate y me di cuenta de que era hora de ir para el estadio, y aliviar la vejiga en el camino [NdE: ¿No es fino?].

De la Fiesta en sí ya se habló bastante. En mi modesta opinión, destaco el show temático, que esta edición se llamó “Nueve eternos live show”, por sus coreografías, sobre todo el cuadro dedicado a Mendoza, en el que los bailarines demostraron gran destreza con las boleadoras [NdE: No queremos ser obvios, pero… ¿en serio?]. El cuadro de Ciudad del Cabo también estuvo muy bueno, con música tribal y electrónica. Según dijo Gabriel Canci, habían estado ensayando todo hasta las cuatro de la mañana del día anterior.

Era impresionante la cantidad de tecnología led que habían incluido. Había una pantalla arriba, dos a los costados, otra más arriba, que además se desplazaba de izquierda a derecha, y varios paneles más donde se paraban los conductores. En esas pantallas mostraban imágenes muy bien producidas para ayudar a ambientar los cuadros dedicados a las nueve capitales del vino, con un efecto extraño que les daba movimiento [NdE: ¿Cuántos vinos te habías tomado a esa altura?], y también imágenes protagonizadas por los candidatos y candidatas a reina y rey, posando entre vides y parras, durante sus desfiles.

En cuanto al ambiente en general, podría decir que el público gay se concentró en el campo. Había gente más producida, como la que podemos ver en las marchas del Orgullo, con plumas, pelucas, pero no vi tantas banderas del arcoíris. En cambio, en las plateas la onda era más familiar. Había familias y amigos que apoyaban a los candidatos. Cerca mío había un grupito que hinchaba por Damián, que salió segundo. A mí me gustaba más Gianfranco, que quedó tercero [NdE: Ojo de fotógrafo, por ser sutil…].

A eso de las 3 de la mañana, luego del show y la coronación, se armó el bailongo electrónico con los DJs. Yo me quedé hasta las 5:30, porque no soy muy marchero y ya estaba cansado. [NdE: Mentira; sabemos de muy buena fuente que te fuiste con un chonguito que te ligaste en el dance. Que te aproveche].

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