Your message has been sent, you will be contacted soon

Call Me Now!

Cerrar
Inicio » .resaltado » Adiós al metrosexual, hola spornosexual

Adiós al metrosexual, hola spornosexual

Fuente: Revista Brando

El nuevo modelo de belleza masculina: el spornosexual. Qué hay detrás de las barbas y el culto al futbolista argentino Pocho Lavezzi.

El nuevo modelo de belleza masculina: el spornosexual. Qué hay detrás de las barbas y el culto al futbolista argentino Pocho Lavezzi.

El metrosexual ha muerto. Fue una agonía rápida, pero sin tormentos físicos ni grandes malestares. Tenía veinte años, apenas. Será velado en una ceremonia íntima y conservará para la posteridad su estampa de cadáver exquisito: el cuerpo fibroso, el pecho depilado, el rostro lampiño y el jopo engominado. Lo llorarán David Beckham y Cristiano Ronaldo.

Lo sucederá un nuevo tipo de machote alfa que hace de sus músculos un orgullo: tal vez inspirado por el Hulk brasileño o por el forzudo Khal Drogo de Game of Thrones (testosterona desbordante, bíceps de hierro y pelo en pecho), alguien que valora la rusticidad sin afeites.

En 1994, el periodista inglés Mark Simpson acuñó el término “metrosexual” para definir al hombre hiperhidratado, al que no le importaron los mandatos de género al cuidar la piel o el cabello: acaso como reacción al consumismo asfixiante, un intento por volverse deseable en un mercado saturado de ofertas.

Pero después de dos lucrativas décadas de vanidad masculina, el mismo Simpson percibe, en la publicidad, pero también en las calles o en los perfiles de Tinder, un nuevo tipo de hombre que se deja crecer una barba espesa, que luce tatuajes múltiples, que no reprime el vello corporal, que exagera un ánimo agresivo y que, más que entre los modelos atildados, encuentra en los más viriles deportistas y actores del cine XXX sus nuevos referentes de masculinidad. Sin joyas, brillitos o geles, ni adoración por los abdominales marcados, el bíceps es su mejor accesorio. Exitoso creador de neologismos, Simpson lo bautizó como “spornosexual”.

La naturalidad se valora más que el artificio. Y el placer hedonista, más que los esfuerzos por tunearse. “Esta nueva ola agrega lo sexual que le faltaba al metrosexual”, escribió Simpson en el diario británico The Telegraph: “Un término era necesario para definir al nuevo hombre después de la decadencia de los panzas chatas como Beckham o Ronaldo“.

Si en la mitología griega Narciso se enamoró tanto de sí mismo que en la contemplación absorta de su rostro en un espejo de agua no pudo evitar ahogarse, el metrosexual se habría hundido por el peso de su propia coquetería. ¡Bling, bling! En el furor mundialista por el el futbolista argentino Pocho Lavezzi, ¿no se escondió un reclamo lúbrico por una masculinidad rústica, un deseo por el reo de potrero?

Ahí donde los modelos andróginos fueron una marca de esta época, nadie esperaba el regreso del hercúleo Charles Atlas como réplica al alfeñique de 44 kilos. Las redes sociales, las selfies y el porno animan un culto al lomo y moldean una nueva clase de valoración sobre el ego masculino: “Ahora, el hombre quiere ser deseado por su cuerpo”, concluye Simpson: “Ya no por su guardarropa”.

Tu comentario

commentario(s)




Etiquetas:

Leave a Comment