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Repudio al obispado de Santiago del Estero

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Luisa Paz y José Coria, en el registro de Santiago del Estero. (Imagen: Facebook Luisa Paz).

Luisa Paz y José Coria, en el registro de Santiago del Estero. (Imagen: Facebook Luisa Paz).

 

La Mesa Nacional por la Igualdad de Santiago del Estero está circulando una carta de repudio al obispado de dicha provincia, por las declaraciones expresadas días atrás, en contra de la bendición que el sacerdote Sergio Lamberti brindó al matrimonio igualitario de Luisa Paz y José Coria.

A continuación reproducimos el texto. Quienes estén de acuerdo con el mensaje y deseen expresar su adhesión, pueden hacerlo escribiendo un email a cartaderepudio@gmail.com.

 

Sobre la bendición y el amor

El día 13 de septiembre en la Parroquia Espíritu Santo de la ciudad de Santiago del Estero, el sacerdote Sergio Lamberti, hizo una celebración en la cual bendijo el amor de Luisa y José.

Ante las recientes declaraciones del obispado de Santiago del Estero en relación a este hecho, queremos aportar nuestra palabra de repudio a la discriminación y en defensa de los derechos de las personas, la diversidad y el amor.

A lo largo de la historia los avances que se produjeron en las legislaciones civiles no significaron necesariamente transformaciones en la Iglesia católica apostólica romana, que por el contrario ha sostenido posturas conservadoras, erigiéndose como propietaria de una determinada divinidad.

Los argumentos religiosos ponen el énfasis en el valor de lo natural, de aquello que sigue el curso de la naturaleza, sin la intervención humana, librando a las personas y las sociedades al campo de un devenir divino. Las decisiones y las percepciones subjetivas de las personas deberían someterse a estos mandatos. El valor de esta dicotomía entre lo natural y lo humano, se basa en la no intervención. Sorprende que se valgan de la naturaleza para sostener principios religiosos, cuando está claro que el matrimonio no tiene un origen natural, y tampoco es una invención divina.

Sin lugar a dudas la Iglesia tiene un problema con lo sexual y genital y esto se ve reflejado al menos en dos sentidos. Por un lado, por la obsesión con que busca el control de los cuerpos (sobre todo de las mujeres y trans) y por el otro, con los innumerables problemas de los sacerdotes a quienes se les exige el celibato.

La presencia en nuestras sociedades de personas que rompen los mandatos heteronormativos es creciente, en la medida que el respeto y la conquista de derechos también crece. Cada vez con más frecuencia, estamos frente a personas que no podemos encasillar en un sexo por la sola lectura de su cuerpo. Los cuerpos se modelan en libertad y ahora también es posible el cambio de identidad en el DNI. Para la celebración de un matrimonio quien quiera asegurarse que sea “entre un varón y una mujer naturalmente concebidos como tales desde el seno materno” (sic) solo podrá comprobarlo realizando un examen cromosómico, porque llegarán bautizados/as con identidades adecuadas a su autopercepción.

Luisa Paz optó ser mujer y así lo indica su documento. Ella decidió casarse con José con quien han construido un hogar y una relación de amor durante 29 años. ¿Por qué tanto conflicto con el amor? ¿Por qué los genitales son más importantes que el amor? ¿El sacramento se centra en lo sexual y no en el amor?

Una bendición es pedir que Dios “diga-bien” acerca de algo. Es pedir una protección de parte de Dios, que Dios acompañe en el camino de la vida, que Dios llene de vida los pasos que cada uno da. La iglesia podrá ser la responsable de los sacramentos en cuanto al modo de celebrarlos, pero la Iglesia no es la “dueña de Dios”. No puede impedir el pedido que Dios bendiga, porque es Dios el que lo hace, no la iglesia.

El discurso que pronuncia el obispado sobre el amor, la generosidad y la inclusión a aquellas personas que se encuentran en “las periferias existenciales” (sic) se contradice y muestra –una vez más– la hipocresía del discurso de la jerarquía católica conservadora, que no hace más que dar cuenta de sus ideas profundamente patriarcales y en consecuencia misóginas, homofóbicas, lesbofóbicas y heteronormativas, que ahondan el estigma social en sectores socialmente vulnerados. Hablando de inclusión, excluyen. Hábil sutileza en la que el discurso católico ha desarrollado una gran experticia a lo largo de los siglos.

MESA NACIONAL POR LA IGUALDAD SDE

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