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Y Eurovisión salió del armario…

Fuente: El Mundo

De izquierda a derecha y de arriba abajo: Conchita Wurst, Vicky Leandros, Ryan Dolan, Marija Serifovic, Izhar Cohen, el grupo t.A.T.u, Dana International, Harel Skaat y Krista Siegfrids.

De izquierda a derecha y de arriba abajo: Conchita Wurst, Vicky Leandros, Ryan Dolan, Marija Serifovic, Izhar Cohen, el grupo t.A.T.u, Dana International, Harel Skaat y Krista Siegfrids.

El antes y el después del Festival de Eurovisión se produjo en 1998. Fue en aquella inolvidable edición celebrada en Birmingham (Reino Unido) cuando el certamen salió definitivamente del armario. Dana International (43), bellísima transexual israelí, arrasó con su pegadizo “Diva”, un temazo que durante todo el verano de aquel año sonó sin parar en emisoras de radio y discotecas de medio mundo y que catapultó a la diva dance al pódium del éxito internacional.

A Dana se la rifarían después diseñadores de renombre como Jean Paul Gaultier, avispados productores discográficos, publicistas… porque, al margen de sus limitadas cualidades vocales, se convirtió de la noche a la mañana en icono del público LGTB y en la abanderada de la visibilización de los transexuales de todo el mundo. Si encima se trataba de una israelí, que exhibía unos atributos nada bélicos tan alejados del estereotipo que se suele tener de sus compatriotas, la cuadratura del círculo icónica era absoluta.

Dana International fue la digna ganadora del Festival de aquel año. Es cierto que había mejores canciones y muchos concursantes con mejor voz. Pero nadie le pudo hacer sombra en cuanto a puesta en escena deslumbrante y su tema era un hit en toda regla. Y, de paso, como decíamos, sirvió para reivindicar Eurovisión como el festival más abierto, tolerante, moderno y divertido de cuantos existen hoy en los cinco continentes.

Desde su nacimiento hace ya 60 años, el certamen siempre ha tenido un enorme seguimiento entre el público homosexual. Pero fue a raíz de la victoria de Dana International cuando empezó a servir también como plataforma de defensa de la igualdad de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, mujeres barbudas e incluso homosexuales de pega en un canto a abrir de par en par los armarios que tanto escozor ha provocado a los gobiernos homófobos de países participantes como Rusia o Turquía, que cada año ponen el grito en el cielo. En estos y otros estados, donde la homosexualidad está perseguida, sus ciudadanos sólo tienen la oportunidad de ver en televisión que existen personas distintas una vez al año: cuando se emite el Eurofestival.

Antes que Dana, su compatriota Izhar Cohen (64) ganó Eurovisión en 1978 con la pegadiza “A-ba-ni-bi”. Resultaba impensable entonces que un artista -y menos del Estado judío- confesara una orientación sexual distinta a la hetero. Muchos años tendrían que pasar para que Cohen se convirtiera en otro referente para el colectivo gay, al confesar cuál era su verdadera orientación sexual.

Por suerte, han cambiado tanto las cosas, que uno de los últimos representantes israelíes de Eurovisión, Harel Skaat (33), que deslumbró con sus dotes en todos los sentidos en la edición de 2010, no dudó en admitir abiertamente que era gay tras su paso por el Eurofestival. “Soy muy celoso de mi intimidad. Pero cuando tenga un novio, no lo mantendré oculto. Dios me hizo como soy, me gusta y me siento completo así“, declaró en una entrevista a una televisión de su país. Muchos comentaristas del certamen no dudaron en declarar que a “un chulazo como Skaat habría que pasearlo por los pueblos de Oriente Próximo para solucionar el conflicto árabe-israelí de una vez”.

Más dura fue la salida del armario de Ryan Dolan (29), otro guaperas que en 2013 representó en el certamen a Irlanda. Su actuación no dejó a nadie indiferente y provocó muchas caídas de babas… Pero pocos sabían que su infancia en la católica Irlanda había sido bien dura, y que hasta que aceptó que ser gay, tuvo incluso pensamientos depresivos suicidas.

En la edición de 2013 le tocó el turno a la reivindicación femenina. Sobre el escenario, la representante de Finlandia Krista Siegfrids (29) concluyó su actuación dándose el lote con una de sus bailarinas. Era una forma de hacer visible el lesbianismo ante una audiencia de más de 150 millones de espectadores. Al régimen turco le dio un soponcio y decidió retirarse del Eurofestival… hasta hoy.

Varios años antes del numerito de Krista, ganó el certamen de 2007 la representante serbia Marija Serifovic (30). Vestida con un impoluto traje de hombre, Serifovic arrasó con una bellísima balada y una voz de las que quitan el sentido. Pero su victoria, una vez más, hizo historia en el festival. Porque, aunque ella no lo aireara en público, era un secreto a voces que era lesbiana. Su triunfo fue, por tanto, el de todas las mujeres que aman a las mujeres…

El poder lesbiano conquistaba Eurovisión con toda justicia, y el colectivo al fin podía presumir de representante, tras muchos años en que lo más lésbico que había pasado por Eurovisión era la diva griega Vicky Leandros (62), que saltó a la fama tras su participación en el concurso en 1972, y a la que siempre se le ha querido poner, con razón o sin ella, una etiqueta homosexual.

Todo tiene cabida en Eurovisión. Por fortuna. Y, así, entre tanta reivindicación LGTB, ha habido espacio incluso para homosexuales de pega. De conveniencia, vaya. Fue el caso de las t.A.T.u., el dúo de chicas ruso que a puntito estuvo de hacerse con la victoria en 2003. Al final, las t.A.T.u. tuvieron que conformarse con un meritorio tercer puesto, en una de las ediciones más reñidas de los últimos tiempos. Pero su rollito lésbico -después se supo que les gustaban más los hombres que a la mayoría de los españoles el jamón- les dio una popularidad enorme en todo el viejo continente.

Y a falta de saber quién saldrá del armario en la 60º edición de Eurovisión que está ya a punto de caramelo, cómo no recordar en este repaso a Conchita Wurst (26), la mujer barbuda que nos encandiló a todos el año pasado con su temazo a lo James Bond y su físico asexuado, gracias a la que Austria conseguía su segunda victoria en la historia del certamen. Conchita demostró que en el siglo XXI no hay por qué decantarse por ser a secas hombre y mujer. ¿Para qué?

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