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El primer y único matrimonio igualitario del pueblo de Daireaux

Fuente: La Nación

Apenas se conocieron ya hablaron de matrimonio y ni bien la ley lo hizo posible, Martín y Darío dieron el sí frente a los habitantes del pueblo de Daireaux.

Apenas se conocieron ya hablaron de matrimonio y ni bien la ley lo hizo posible, Martín y Darío dieron el sí frente a los habitantes del pueblo de Daireaux.

El pueblo de Daireaux se despliega en forma de una gran llanura levemente ondulada, con algunas formaciones medanosas que se asoman cada vez con más frecuencia hacia el Oeste de la provincia de Buenos Aires. Una zona solitaria que otros habitantes de la provincia de Buenos Aires llaman “allá”. Cerca de Pehuajó, de Olavarría, de Coronel Suárez, el aire rural de sus horas se mezcla con atardeceres exuberantes y arboledas y 12.000 vecinos tranquilos que se conocen aunque jamás crucen demasiadas palabras. Martín tiene 23 años, es el segundo de cinco hermanos, nació y vivió en este pueblo junto a ellos y a su mamá. Le encanta Daureaux. Sigue viviendo allí pero ahora con Darío.

A los 12 se dio cuenta que no le gustaban las chicas. A los 14, que le gustaban los chicos. Lo aceptó, nunca renegó de eso, pero lo sintió como un drama. “¿Cómo le cuento a mi mamá?”, pensaba sin parar; el resto de la gente le daba lo mismo. En la escuela primaria empezó a construirse un refugio de libros para cuando no supiera cómo contar quién era, quién es. Al día de hoy, su biblioteca tiene más de 600 libros y dice que va por más. “Me comía literalmente los libros para no pensar en otra cosa. Me ayudaron mucho a despejarme. Sufrí mucho no poder salir del clóset“.

 

El periplo hacia la libertad

Siempre tuvo un lindo grupo de amigas que aún conserva. Cuando eran chicos se auto bautizaron “El abrojo (Martín) y los pimpollos (ellas seis)”. A los 17 le contó a una compañera que le gustaban los chicos y se sintió un poco a salvo. Su tío Rubén se dio cuenta solo, lo único que le dijo una tarde fue: “Contá conmigo”. Martín lo adora. Su hermano mayor también le tendió su mano cuando lo supo, y así, a base de amor sin cuestionamientos empezó a soltarse, a ser quien en realidad es. Cuando terminó el secundario, como muchos de sus pagos, se fue estudiar a Olavarría. “Allí fui yo 100 por ciento. Empecé Comunicación Social, no era la carrera de mi vida pero era lo que tenía a mi alcance y me amoldé. Lo importante es que en Olavarría me liberé y tuve mi primera vez“, cuenta y dice que no hay forma de explicarlo pero que, con ese mismo impulso, al año siguiente, cambió Comunicación Social por la carrera que anhelaba, Historia; esta vez, en Bahía Blanca.

A los 19 empezó una relación con alguien de la zona Sur del conurbano. Martín dice que no guarda buenos recuerdos de eso pero que, a veces, la vida es así. “Fue al comenzar esa relación cuando salí del clóset”. El 12 de febrero de 2011 le contó a su mamá y recibió besos y abrazos. Después publicó su estado sentimental en Facebook: “Que se pudra todo”, se dijo, y algo se pudrió. “Mi papá no lo aceptó enseguida, hasta agosto de 2013 cruzamos muy pocas palabras”. Hoy tienen una excelente relación.

 

90 días

Cuando Martín vio por primera vez a Dary supo que era el amor de su vida. Lo cuenta así hoy, con la misma seguridad que sintió ese 9 de febrero de 2013, tenía 20 años. Un mes antes Dary le mandó la solicitud de amistad al Facebook desde su habitación en Mar del Plata. Supo de Martín porque Melisa, una amiga en común le insistió hasta el cansancio para que lo contactara. Ella no quería que yo volviera a sufrir con un relación a distancia pero algo le decía que tenían que conocerse. Empezaron a escribirse y hubo química inmediata. Pasaron 36 días atados por Internet hasta que decidieron verse. Ya para entonces Martín le había declarado su amor por teléfono. Apenas colgaron esa vez, Martín se sintió un demente y se largó a llorar. “¡Qué había hecho!”, dice ahora entre risas. Solo sabe que ese “Te amo” le salió de las entrañas. Solamente una amiga y dos de sus hermanos sabían de Dary antes de que se conocieran. Martín llegó a Mar del Plata esa mañana de febrero y el verano entero estaba en su corazón. Todavía conserva el pasaje.

Dary también se había enamorado de él. Hablaron de casamiento desde el primer momento y se sintieron felices pero extraños. Después de ese primer encuentro iban a seguir lejos uno del otro y no querían pasarla más. Los amigos de ambos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, les insistían para que le dieran para adelante. Entre Daireaux y Mar del Plata hay casi 500 kilómetros. Durante lo que duró el noviazgo se vieron 90 días.

Se comprometieron el 9 de julio 2013, cinco meses después de haberse conocido, el mismo día que casualmente se separaron los papás de Martín años atrás. “Nunca antes me había enamorado. Yo pensaba que sí pero luego supe que eso del pasado no había sido amor. Uno a veces confunde las cosas”, dice Martín. De Dary lo enamoró todo: su temple, su humor extraño, las canciones que le dedicaba especialmente con su banda de rock Hombre Bomba, donde hacía coros y tocaba el teclado. “¡Y su nariz!. Él la odia pero a mi me encanta.”

 

Fenómeno local

Se casaron el 3 de febrero de 2014 a las 10 de la mañana, el mismo día en el que se casaron los abuelos de Martín en 1966. “Es un matrimonio que admiro; su amor incondicional. Ni la peor de las cosas que vivieron los separaron y se nota que se eligieron siempre”. Fue el primer matrimonio igualitario de Daireaux y, hasta la fecha, el único. Martín dice que cuando se aprobó la ley por primera vez pensó que iba a casarse algún dìa. Además de sus seres queridos hubo gente de todo el pueblo que quiso compartir ese momento. Unos días antes los entrevistaron en una radio local y, contra todos los pronósticos, empezaron a felicitarlos los vecinos de Daireaux.

Allí viven, Martín trabaja hace años en Banco Provincia y Dary está dando sus primeros pasos como peluquero, vende productos dietarios de una marca famosa y le dedica muchas horas a la su pasión, la música. “Tenemos horarios muy complicados y nos vemos poco durante la semana, por eso tratamos de disfrutar del tiempo juntos. Tenemos un hijo peludo, un perro mestizo llamado Olaf, que tiene cuatro meses y nos tiene embobados. En el futuro nos vemos viviendo en otro lugar, Dary dedicado completamente a la música. Yo lo quiero seguir en sus sueños y él a mí, mi sueño es él.”

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