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Crónica de una tarde en el Louvre

Por Leandro Fogliatti (SentidoG)

Es uno de los museos más importantes del mundo. Cada año recibe 10 millones de visitantes que recorren sus 160.000 metros cuadrados para apreciar al menos una parte de las 38.000 obras exhibidas, entre pinturas, antigüedades egipcias, griegas, etruscas y romanas, esculturas, artes del islam y artes gráficas.

Es uno de los museos más importantes del mundo. Cada año recibe 10 millones de visitantes que recorren sus 160.000 metros cuadrados para apreciar al menos una parte de las 38.000 obras exhibidas, entre pinturas, antigüedades egipcias, griegas, etruscas y romanas, esculturas, artes del islam y artes gráficas. Claramente, es imposible abarcar el Louvre en una sola visita, sobre todo si uno está de paso por París y no puede darse el lujo de dedicarle más que un par de horas, digamos una tarde. Y así llegamos a la pregunta que en voz baja se escapa ante la primera impresión del coloso: ¿cómo lo recorro?

Eso mismo nos preguntamos con mi esposo, mientras admirábamos la fachada exterior desde el gran patio. El complejo de edificios que conforman el Louvre está situado a orillas del río Sena, en uno de los barrios más antiguos de la ciudad (el Distrito I). La arquitectura del museo ya es de por sí una obra de arte, resultado del trabajo de varios artistas en diferentes períodos en los que se hicieron ampliaciones y mejoras, desde el siglo XII hasta fines del XX.

Nuestro contacto de prensa nos había citado en la estatua del rey Luis XIV a caballo, el último monarca que residió en el Palacio del Louvre antes de que la realeza francesa se mudara a Versalles. Era un lunes de noviembre, a las dos de la tarde, y el otoño europeo nos saludaba con apenas tres grados. Por suerte, Arnaud fue puntual y con gran amabilidad nos brindó información general y algunas recomendaciones para aprovechar mejor nuestra visita. Ahora, estaba en nuestras manos decidir el recorrido.


El reloj empezó a correr

Si buscan en Internet van a encontrar artículos, listas y hasta tutoriales sobre cómo aprovechar el tiempo en el Louvre. Parece un chiste, pero recuerden lo que comenté más arriba: si el desafío es ver 38.000 obras distribuidas en 160.000 metros cuadrados, el tiempo se vuelve un tema serio.

Por supuesto, todo es más complicado en temporada alta, cuando los visitantes se multiplican. En este caso, los consejos apuntan a evitar el ingreso por la entrada principal (la pirámide) y acceder por el Arco del Triunfo del Carrusel (situado entre el patio del museo y el jardín de las Tullerías), mucho menos transitado. Otra alternativa para evitar los picos de visitas es acercarse los días con horario extendido, donde es posible permanecer hasta cerca de las 22 hs y disfrutar la experiencia de un Louvre nocturno y más tranquilo.

Noviembre es un mes de temporada baja en Europa, por lo que nosotros pudimos ingresar sin hacer cola. Pero eso es solo una parte del desafío. Una vez adentro, hay una vasta colección distribuida en una laberíntica edificación. En este punto, uno descubre que hubiera sido conveniente venir con un plan, una selección de obras pensada de antemano. Para los que no somos muy entendidos, un tour guiado es una excelente opción: además de ofrecer un recorrido relevante sin perder tiempo localizando cada obra, no cuesta mucho más que el ticket común. Decidimos entregarnos al libre albedrío y que el arte nos sorprendiera, por decirlo así.

 

¿Qué vimos?

Como los pasillos y salones no estaban demasiado poblados, pudimos acceder con tranquilidad a las obras más icónicas del museo, como “La Gioconda” (mucho más pequeña de lo que imaginábamos), la “Venus de Milo”, “Victoria de Samotracia” (que se exhibe en un descanso donde confluyen varias escaleras, así que recomiendo que su contemplación no se desentienda del entorno inmediato, para evitar torceduras de tobillos y otros malos trances), o el “Sarcófago de los esposos”. Sin embargo, lo que más nos llamó la atención fueron dos espacios que no teníamos pensado visitar: el patio de esculturas francesas y los aposentos de Napoleón III.

El patio de esculturas francesas se encuentra en el Ala Richelieu. La colección -una de las más bellas del mundo, dicen- comenzó a conformarse en el año 1824, cuando se inauguró el “museo de la escultura moderna”, en la Galería de Angoulême, y posteriormente se enriqueció con obras del Renacimiento y piezas de Versalles. Entre una variedad de estilos y épocas se destacan “Diana Cazadora” (Jean-Antoine Houdon, 1790) o “Satán” (Jean-Jacques Feuchère, 1833). ¿Qué nos llamó la atención? La puesta en escena de la exhibición, organizada como un gran jardín de invierno -incluso hay varios plantines de olivos-, donde los colores pálidos y verdosos de las estatuas se destacan en un espacio claro, con diferentes niveles, que recibe luz natural a través de un techo de cristal. Nos quedamos ahí un buen rato.

Fue buscando “La Gioconda” que nos perdimos y terminamos descubriendo los aposentos de Napoleón III, último emperador de Francia. Una impecable reconstrucción en un excelente estado de conservación. En la combinación de maderas, metales y telas se destacan los colores oro y bordó, los candelabros y las enormes lámparas que cuelgan del techo, y los jarrones con detalles orientales. Ahí no hay espacio para la modestia: todo es ostentoso, enorme e imponente. Vaya como ejemplo el comedor, organizado con una gran mesa y vajilla, que yace bajo un techo pintado con un cielo luminoso por el artista Eugène Appert; o el retrato de Franz Xaver Winterhalter, donde el emperador viste un traje militar lleno de insignias, una capa de monarca y un cetro.

 

El trabajo de restauración

En el Louvre trabajan más de 2.100 personas, incluido el equipo curatorial de 166 expertos. Aquí, un video sobre las tareas de restauración en el patio de las estatuas francesas, un martes, cuando el museo permanece cerrado.

 

Cuatro momentos históricos del Louvre

El Museo del Louvre se encuentra alojado en el Palacio del Louvre, una fortaleza construida en el siglo XII, residencia de la monarquía francesa hasta la construcción del Palacio de Versalles. Los interesados en sus orígenes, pueden bajar al primer subsuelo, pabellón “Sully”, donde podrán apreciar muros, ornamentos y diversas piezas de la construcción original.

En 1793 el Louvre se convirtió formalmente en un museo, sentando un valioso precedente para la época: sus puertas se abrieron para que cualquier ciudadano o visitante pudiera acceder a su colección.

En 1989 se construyó la icónica pirámide de cristal, que rompió con el estilo arquitectónico original y actualmente sirve como puerta de acceso.

El 11 de noviembre de 2017 se inauguró formalmente el Louvre de Abu Dhabi, con 900 obras en 23 galerías. Diseñado por el arquitecto Jean Nouvel, el edificio combina el color blanco y las formas geométricas, en una superficie de 24.000 metras cuadrados y con una impresionante cúpula de 7.500 toneladas.


Conclusión

Nuestra visita no estuvo pensada de antemano, pero terminamos haciendo un recorrido bien local: estatuas francesas y aposentos de Napoleón III. Por eso, les aconsejo dos cosas: 1) si tienen la oportunidad de viajar a París, guárdense un tiempo para el Louvre, porque -sean o no amantes del arte- van a encontrar algo que los deslumbrará; 2) no se desesperen por recorrerlo; la colección es impresionante y cualquiera sea el camino que elijan valdrá la pena.

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