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Quito – (El Comercio)

Luego de recibir negativas en las notarías de Quito, Xavier y Álex (nombres ficticios) celebraron su unión de hecho el 14 de agosto del 2009. Lo hicieron en la Notaría Séptima de Quito. Así se convirtieron en la primera pareja del mismo sexo que legalizaba su relación en Ecuador.

Concretaron el trámite respaldándose en el artículo 68 de la Constitución, que reconoce “la unión estable y monogámica entre dos personas”, sin especificar el sexo.

El abogado Andrés Buitrón acompañó a la pareja y ha patrocinado otras 11 uniones de este tipo. El tema fue su tesis de grado.

Buitrón aclara que este tipo de uniones también tiene obligaciones. Por eso, en el Centro de Equidad y Justicia del Municipio de Quito, donde trabaja, se puede denunciar casos de violencia. No solo entre la pareja, sino la agresión de familiares por homofobia y discriminación.

Pese a que las uniones entre personas del mismo sexo ya son legales, la Fundación Equidad ha registrado solo 12 casos. Eso responde, entre otras cosas, a que la idea “choca mentalmente, porque rompe el esquema de clóset en el que vivimos”, señala Freddy Lobato, de Igualdad y Derechos. Otras razones, dice, son la costumbre de convivir sin legalizar o por evitar la burocracia del trámite.

Una chilena en busca de la nacionalidad ecuatoriana

La ecuatoriana R. Paredes y la chilena Gabriela León se conocieron a través de la Internet, hace seis años. Hablaban por chat hasta que un día decidieron ser más que amigas. Después de cuatro meses de conversaciones a la distancia, Paredes viajó a Chile para conocer a su pareja.

Unos meses más tarde, León decidió venir a Ecuador para consolidar su relación. “Si nos temíamos que juntar debía ser aquí”, dice la chilena. En Quito, Paredes tiene un trabajo estable como analista financiera. Es hija única y no puede dejar a su madre porque está enferma.

Por eso, Gabriela se instaló en la capital y actualmente estudia Derecho en una universidad de Quito. Para legalizar su residencia, ella necesitaba la nacionalización. Por eso, la pareja optó por la unión de hecho.

Paredes cuenta que en la primera notaría a la cual acudieron, en septiembre del 2009, les negaron el trámite. En otra, lograron una declaración juramentada, lo cual no servía para la nacionalización y la residencia.

León recuerda que en todos estos trámites fueron discriminadas y recibieron insultos, incluso de los jueces. En marzo de este año, finalmente lograron legalizar su unión en una notaría,

Paredes dice que ella, su pareja y su madre son una familia. “La unión de hecho nos da el respaldo legal que necesitamos. Todos los bienes son de nosotras”.

Para proteger el patrimonio de la pareja

Efraín Soria y Javier Benalcázar comparten los gastos, dividen las tareas de la casa y a veces discuten “como todas las parejas”. Ellos legalizaron su unión hace un año, pero ya son tres y medio que viven juntos.

Acudieron a varias notarías, pero “desconocían qué hacer en estos casos o definitivamente se rehusaban”, comenta Soria.

Él trabaja en Fundación Equidad y le interesa que otros miembros de la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales, transgénero e intersex (Glbti) usen ese derecho civil, “Queremos estar protegidos en todo el patrimonio que podamos construir a partir de nuestra relación”.

Pese a las negativas de los notarios, la pareja logró legalizar su relación en agosto del año pasado. Contrataron un abogado que redactó una minuta e hizo el trámite. “Somos una familia y queríamos mostrar a nuestros amigos que tenemos una meta en común, compartimos muchas cosas”, comenta Benalcázar.

Entre las ventajas que esta pareja encontró está la repartición de bienes, pero también la sucesión de derechos. Si alguien debe tomar una decisión en caso de enfermedad, la pareja lo puede hacer. Soria explica que, pese a que se lograron cumplir algunos derechos con esta Ley, se esperan más beneficios. “Por ejemplo, acceder a créditos para vivienda y a pensiones del Seguro Social por viudez”.

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