A Las Vegas no le falta espectáculo, pero cada enero algo diferente se apodera del Flamingo. El Festival de Deportes Clásicos de Sin City regresó del 15 al 19 de enero, transformando el Strip en un punto de reunión para atletas queer, aliados y familias elegidas de todo el mundo, y recordando a todos que la comunidad puede ser tan poderosa como la competencia.
En el momento en que llegas al Flamingo y te instalas, el tono es claro. Hay tranquilidad en el aire. Una dulzura. La fiesta de registro lo pone en marcha, con largas filas de atletas registrándose, reconectándose con sus compañeros de equipo y deambulando por stands de patrocinadores que reflejan la amplitud de la comunidad LGBTQ+, desde organizadores de rodeo hasta proveedores de salud sexual. Se recogen productos, estallan juegos y los abrazos ocurren con frecuencia. Se siente menos como un proceso de admisión y más como una reunión.
Deporte, Espíritu y Propósito Compartido
Fundado en 2008 por la Asociación de Softbol del Gran Los Ángeles, el Sin City Classic comenzó como un espacio seguro para jugadores de softbol queer. Diecisiete años después, se ha convertido en el festival deportivo LGBTQ+ más grande del mundo, que ahora presenta 24 deportes y recibe a unos 10.000 participantes y espectadores.
La programación de este año abarcó baloncesto, kickball, pickleball, natación, voleibol, lucha libre, rodeo y más. Al moverse entre lugares, el sentido de camaradería nunca flaqueó. Desde campos de kickball hasta canchas de voleibol de arena y colchonetas para porristas, los atletas se presentaron no solo para ganar, sino también para defenderse unos a otros. La competición amistosa dominó el fin de semana, con los equipos trabajando para lograr objetivos compartidos y celebrando tanto el esfuerzo como los resultados.
Ese espíritu se transmitió por todos los rincones del festival. Incluso para los espectadores, era imposible no sentirse atraídos. La alegría de ver jugar a amigos, de ver a extraños animarse unos a otros, hacía que cada partido fuera personal.
Vida nocturna, risas y soltura
Cuando se puso el sol, la energía cambió sin perder su corazón. Los eventos sociales llenaron la agenda, incluidas noches repletas en el club nocturno Piranha, donde los cuerpos se movían bajo luces estroboscópicas, los bailarines go-go llamaban la atención y los artistas drag interpretaban números que detenían las conversaciones a mitad de la frase.
Una nueva incorporación este año amplió la huella cultural del festival. El ganador de RuPaul’s Drag Race All Stars, Monét X Change, encabezó el espectáculo inaugural de comedia clásica de Sin City en el Flamingo’s El Dorado Ballroom. Su stand-up se apoyaba en absurdos cotidianos y observaciones agudas, generando risas que parecían comunitarias más que performativas. Fue otro recordatorio de que el festival ha crecido más allá del campo de juego.
Un momento final para recordar
El fin de semana culminó con el concierto y la fiesta de clausura de Sin City Classic, encabezado por la cantante ganadora del Grammy y defensora LGBTQ+ desde hace mucho tiempo LeAnn Rimes en el Brooklyn Bowl Las Vegas. Respaldado por décadas de alianza y trabajo humanitario, Rimes realizó una actuación que se sintió pulida y personal.
Mientras avanzaba por su catálogo, la sala se inclinó. Cuando llegó a “Can’t Fight the Moonlight”, las voces llenaron el espacio, cantando a todo volumen. Tanto los ganadores como los no ganadores compartieron la palabra, unidos en la simple alegría de estar juntos.
En ese momento, los títulos y los cuadros de mando se desvanecieron. Lo que quedó fue la conexión, el recordatorio de que la familia elegida importa y que espacios como este no ocurren por accidente.
El Sin City Classic puede tener sus raíces en los deportes, pero su impacto es más profundo. Se trata de reunirse sin explicaciones, competir sin miedo y celebrar una comunidad que se muestra firme año tras año. Para muchos, es un momento destacado del calendario. Para otros, es un salvavidas. De cualquier manera, fue un fin de semana que no olvidaremos.
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