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Juan Pablo Malvasio, El chongo eléctrico

Por Gustavo Pecoraro – (SentidoG.com)

¿Cómo nace Electrochongo?
– Mi amigo Ariel Curtis es medio papá de Electrochongo.
Él me puso ese nombre para la tapa de mi primer disco. A mi no me gustaba demasiado, me negaba, me negaba…y al final me dejé; y la verdad que después me gustó…eso ocurre. (risas)
Electrochongo es como una marca registrada, y un arma de doble filo, porque también hay gente decide no escucharme en base al nombre. Hay mucha señora de barrio norte en gente joven que tiene muchos prejuicios. La gente escucha grupos en inglés cuyos nombres son peores.
Parece como que si en Argentina los grupos tendrían que tener nombres serios.
El Chongo fue todo un proceso, primero un poco Punk, luego -como iba tanto al gimnasio- empecé a mostrame, a salir en calzitas, como cuando estoy en casa. Todo en sentido de la practicidad.
También tuvo mucho que ver Gauna (Ruben Gauna) con su caricatura.
Todo empezó a ir de una forma mucho más ascendente a partir de la caricatura de Gauna, y a la vez Gauna, cobró notoriedad a partir de mi dibujo.
Es algo que nos sirvió mucho a los dos. Somos como una especie de Matrimonio Igualitario Artístico.

¿Qué música escuchabas de joven?
– De adolescente escuchaba Soda, Virus, Fricción, Violadores, algo de Hard Cord; y más tirando a lo alternativo, Melero. Todo lo que podríamos llamar un pseudo Glam-Indie-Argento.  Y, claro, Depeche Mode, Eurase, los Pets…un poco de Jackson.
Empecé a salir los 16, y llegué a conocer sitios geniales como Ave Porco, el Pantéon, o el Dorado. También iba un poco a Bunker, donde reinaba la modernidad.
Iba por la música, pero me encantab el ambiente mixto y amplia que reinaba. Crecí en Vicente Lopez, donde las fiestas y lo que había sólo permitía bailar lo que estaba de moda, rodeados de mucho estándar.
Un día fui al Panteón, y quedé alucinado con que, por fin en algún sitio, se escuchara la misma música que yo escuchaba en casa. En esa época decía, “Esto debe ser el futuro”.

¿Cómo saltas a tu carrera musical?
– Siempre hice música, pero grabar un disco era ya algo bastante claro.
En 2007 grabé un primer disco en el estudio de unos amigos. Algo que no me gusta.
Tenía una intención más seria, por decirlo de alguna forma, y no había mucho sentido del humor en las letras. La verdad que no se que quise hacer, pero bueno, a algunas personas les gusta.

¿Hay un paralelismo con el nacimiento de Chongo?
– En realidad fue más que nada por haber eliminado el concepto de estar en una banda.
En esos momentos no me rapaba la cabeza y tenía un pelo onda Ceratti.
Era otra intención. Cuando nació, Electrochongo, estaba de novio, y mi novio me recomendó que llevara el personaje a lo grotesto.
Claro, yo tocaba en lugares tan indies, tan rockeros que no sabía.
Cuando empecé a tocar con Peter Punk, fue un estímulo para hacer cosas que me abrieran la cabeza.

¿Tenés influencias que han terminado de ayudar a crearte?
– Una gran ayuda fueron las Cumbia Queer. Fundamentalmente en ver cómo toman ellas lo que hacen, cómo lo hacen; y en el gran sentido del humor que tienen en lo que hacen.
Han sido un gran aprendizaje. Lo de Miss Bolivia me resulta inspirador; sostener lo que hace, y sin músicos, es muy importante.
Hoy en día es difícil mantener una estructura -más allá de que hay menos lugares para tocar- con muchos músicos.
Si tuviera que llevar banda no podría ir a algunos lugares del Interior, por los costos y por lo que podemos llegar a ganar.
Ahora, a fuerza de ir muchas veces, hay lugares que me conocen y ya puedo ir con alguien.
En Tucumán hay un sitio que se llama Franchesco que dentro de todo, el arreglo es bastante bueno. Está bien ubicado y las instalaciones están bien.
Allí, tengo buenas relaciones con las organizaciones LGTB, como Crisálida u Hojas de Trébol. En Córdoba, seguro que voy a ir al Bar 31. La dueña tiene buenísima onda, es un amor.
Esto de la reducción de costos hace más importante -entonces- el producto.
Por eso trato de que mi propuesta se centre más en las canciones, haciendo hincapié en que cobren el lugar que merecen, y no tal vez en una imagen dentro de la comunidad LGTB. Pero hay mucha gente que me conoce por el look o el nombre y quizás nunca escuchó un solo tema.

¿Son parte de una especie de movimiento Glam nacional?
– Hay un poco de eso, sí. Me siento parte de algo no muy definido que somos Miss Bolivia, Peter, Las Cumbia Queer, y otra mucha más gente.
Tanto Miss Bolivia y las Cumbias Queer llegan a un público que va más allá de lo Glam, llegando incluso al público del reagge, y eso les abre mucho más el espacio.
Hay una escena Glam, aunque no me gusta mucho pensar en una escena.
Porque de golpe viene gente a los show que no conocen a todos los grupos.
Hay un público que está más formado, pero no es mayoritario.
Tal ves, grandes grupos como Juana La Loca o Babasónicos son parte de ello, pero sería en todo caso una escena más Glam Sudaca.
Ahora todo esto está marcado por la persecución que hay hacia la noche.
Estamos en un tiempo donde hay mucho inspectores municipales que van a joder a los locales donde podemos tocar, que son locales pequeños, claro. Van a bares donde no hay ningún problema y se ponen quisquillosos, por culpa de los años en que -esos mismos inspectores- no han hecho las cosas bien.
Vienen a joder con todo, con la cantidad de personas, a buscar matafuego.
Yo creo que había que cagar a palos a alguno, para que se dejen de joder.
La última vez que toqué en Franchesco, la policía sacó a la gente con cachiporras.
Estos tipo sacan afuera todo su espíritu facho.
Asusta un poco que la gente no reacciona, porque si seguimos así nos vamos a quedar sin diversión.

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