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¿Qué pasó con Octavio Romero?

Por Carlos Rodríguez y Emilio Ruchansky – (Pagina 12)

La muerte del prefecto Octavio Romero deja muchas dudas en la causa, y si bien se supo que era hostigado por su homosexualidad, el asesinato podria trascender como un crimen de odio, perpetrado a causa de su orientación sexual. ¿Qué hay de cierto? ¿Qué pasó con Tavo? Lo que se sabe hasta ahora.

La muerte de Octavio sigue siendo un misterio

El cuerpo del suboficial de la Prefectura Naval Octavio Romero, de 33 años, presentaba “contusiones en la cabeza, tanto en la frente como en la nuca, que se produjeron cuando la víctima estaba con vida”, según estableció la autopsia realizada el sabado en la Morgue Judicial de Lomas de Zamora, según pudo confirmar al diario Página/12. Aunque las conclusiones todavía no son concluyentes, dado que se tienen que realizar estudios complementarios, todo parece indicar que se trató de un homicidio (conocido como crimen de odio) y no de un suicidio, posibilidad que –más allá de la opinión forense– fue rechazada de plano por los allegados a Romero. El examen del cuerpo reveló, además, que el gendarme fallecido tenía “pulmón congestivo”, lo que indica que había tragado agua “porque respiraba, porque estaba vivo cuando cayó al río”. Las autoridades son cautelosas, a pesar de todo: van a esperar para confirmar si fue homicidio, suicidio o accidente.

“Es prematuro asegurar si lo empujaron luego de golpearlo, si se cayó o si fue un suicidio”, dijo una fuente allegada a la causa, que mantiene el secreto de sumario. De ahora en más se harán estudios químicos y anatomopatológicos, mientras que la Prefectura Naval tendrá a su cargo la entrega de un informe sobre cómo fue la evolución de las mareas desde el día en que Romero desapareció, el sábado 11 de junio, hasta el viernes pasado. “Lo que se quiere establecer, si es posible, es si el cuerpo fue arrastrado por el río hasta el lugar en el que apareció”, en una playa de Vicente López, a cuatro metros de la rompiente del río, o si lo depositaron en el lugar.

A Romero lo encontraron, al mediodía del viernes, boca abajo y totalmente desnudo. Los tatuajes que tenía en la espalda permitieron que fuera reconocido en forma rápida por amigos y familiares, entre ellos su madre. La causa de la muerte está siendo investigada por el fiscal de Vicente López John Broyad, quien trabaja en contacto con el juez de instrucción Juan María Ramos Padilla y la fiscal Estela Andrades de Segura, ambos con jurisdicción en la Capital Federal, quienes habían recibido la denuncia sobre la desaparición. Más adelante se resolverá quién sigue con la investigación.

Octavio Romero vivía en pareja con Gabriel Gerbach, con quien tenía planeado casarse a fin de año. El sábado 11, Romero fue visto por su prometido, por última vez, a las 20.30. “Tavo (como lo llamaban sus amigos) estaba vestido para irse a una fiesta con amigos. Cuando mi hermano se fue a trabajar, él ya estaba vestido con un saco bordó y estaba cargando en una bolsa las bebidas que iba a llevar a la reunión”, comentó Joaquín Vizcaya, cuñado de Romero.

La denuncia sobre la desaparición se hizo porque nunca llegó a esa reunión. Cuando lo fueron a buscar al departamento donde vivía, encontraron la puerta cerrada con llave. “Lo raro es que las luces de la casa estaban prendidas, al igual que la televisión, la que había comprado ese mismo día.” En un sillón encontraron “el saco bordó que iba a llevar a la fiesta y que mi hermano le había visto puesto cuando se fue a trabajar. Nadie entiende por qué se cambió de ropa”.

Otro dato que desconcierta es el hecho de que “toda la bebida que iba a llevar y que mi hermano vio que ya estaba dentro de la bolsa que tenía Tavo en sus manos había sido guardada de nuevo en la heladera”. La bolsa, mientras tanto, “estaba acomodada al lado de la puerta”. Todo estaba en orden, sin signos de que hubieran ocurrido escenas de violencia en el lugar. Lo único anormal era que estaban las luces y la TV encendidas.

El teléfono celular de Octavio Romero estuvo apagado desde las 21.30 del día en que desapareció. Ahora tendrán que hacerse pericias para determinar las llamadas entrantes y salientes que puedan haberse producido. “El dato de las llamadas es clave”, recalcó Vizcaya. El cuñado estimó que, si lo mataron a golpes, tienen que haber sido dos personas o más. “Octavio era una persona de buen físico, muy fuerte, al que le gustaba trabajar en espectáculos de acrobacia con telas aéreas. Era un atleta, era muy fuerte. Se necesitaban al menos dos para doblegarlo.” No se sabe si esa noche tenía o no su arma reglamentaria.

Los allegados a Romero rechazan de plano la posibilidad de un suicidio. “Era una persona muy inteligente, muy alegre, que estaba pasando por un momento muy lindo en su vida. Con mi hermano tenían pensado casarse, estaban bien. No es posible que haya sido un suicidio”, insistió Vizcaya. Ninguno lo imagina “desnudándose y arrojándose al río”. Llama la atención, además de la presencia de las bebidas en la heladera y el saco en el sillón, la ausencia de una campera beige que Romero se habría puesto esa noche. “Lo que hay que saber es si lo llamaron y salió, y quién lo llamó, o si lo fueron a buscar a la casa”, apuntó el hermano del novio de Romero.

Investigan amenazas

Hace tres meses alguien encerró a Octavio Romero en una oficina del edificio Guardacosta y lo habría amenazado de muerte. Así se lo aseguró un amigo del prefecto. “Octavio sabía de ciertos manejos turbios en la fuerza, pero no pensaba denunciarlos. En verdad, él se quería ir de Prefectura y dedicarse a la diplomacia. No representaba un peligro para nadie”, agregó la fuente. Los “manejos turbios”, relacionados con el ingreso de buques extranjeros a la Argentina, que la víctima conocía por su cargo administrativo de control de gestión, ahora forman parte de la investigación. Mientras se esperan nuevos resultados de la autopsia, también el círculo íntimo de la víctima es investigado por la Justicia, que no descarta ninguna hipótesis, más bien continúa sumándolas.

“El verano pasado, Osvaldo y otra persona hicieron un operativo por irregularidades en empresas truchas que operan bajo los beneficios del decreto 1010/2004. Por lo que me contó él, ese decreto permite que buques extranjeros operen libremente y sin ningún gravamen desde puertos argentinos. Pero cuando fue a certificar el domicilio legal de una de esas empresas, no encontró el domicilio. Al parecer, alguien de la fuerza les avisó antes de la inspección y la causa se cerró”, comentó la fuente, que conoce a Romero desde hace más de 10 años. Otra cuestión que le llamaba la atención a este prefecto era, según su amigo, el súbito enriquecimiento de quienes controlan el ingreso y egreso de los barcos y también de los “pilotos” que remolcan los buques extranjeros desde el barco de Prefectura que sirve de puesto de control, llamado Portón Recalada, en La Plata, hasta el puerto de Buenos Aires.

Tavo, trabajaba de 8 a 14.30 en el área de Control de Gestión relacionada con el registro de buques extranjeros. “Era un oficinista”, comentó un colega suyo, quien no cree que la fuerza tenga algo que ver en su muerte, aunque no lo descarta.

Por las manos de Tavo pasaban cheques con importes grandes y también papeles referidos a los buques. Sus jefes lo adoraban por su eficiencia y manejo de idiomas (portugués e inglés). Supieron hace sólo tres meses que pensaba casarse a fin de año con Gabriel Gerbach, algo que antes él supo mantener en secreto. “Era encantador y claro que también despertaba alguna envidia porque tenía una vida fabulosa, repleta de amigos y amigas y un futuro asegurado en lo que hiciera”, contó su colega. Una fuente de la investigación, que continúa bajo el secreto de sumario dictaminado por el juez Juan Ramos Padilla, explicó que el hecho de que el prefecto apareciera totalmente desnudo en una playa de Vicente López constituye “un mensaje mafioso”. El detalle, agregó la fuente, es que no tuviera medias: cuando alguien es arrojado al agua con ropa, puede ser desnudado por el movimiento de la marea, pero jamás pierde las medias. “Hay una cierta sofisticación que rodea esta muerte, que hace pensar que si fue un crimen, no fue algo pasional”, afirmó.

El celular de la víctima nunca apareció y fue apagado a las 21.30 del sábado en el que desapareció. De las llamadas entrantes o salientes puede salir una pista, salvo que alguien haya tocado el timbre de su departamento y Tavo bajara. El prefecto, además de dejar el saco que iba a llevar esa noche a una fiesta y ponerse una campera, también se cambió de calzado. El hecho no es menor, destacó la fuente ligada a la investigación, “probablemente planeaba caminar hasta algún lugar para encontrarse con alguien conocido o acompañar a esa persona”.

Los datos preliminares de la autopsia revelan que Romero recibió un fuerte golpe en la cabeza y que fue arrojado (o cayó) al agua con vida. Los nuevos análisis deberán determinar un punto importante. Si fue arrojado al agua en el mismo lugar donde lo encontraron o desde otro punto, probablemente el Tigre, ya que el río “baja”, es decir, suele empujar los objetos en sentido hacia la ciudad de Buenos Aires. Cerca del lugar donde apareció el cuerpo vive uno de los cuñados de Tavo. Este hecho, entre otros, hizo que el juez investigue primero el entorno íntimo del prefecto.

Por otra parte, la titular de la Fiscalía 40, Estela Andrades de Segura, sigue tomando declaración a los amigos de Tavo, que vienen presentándose de manera voluntaria. Además, también interviene en el caso la fiscalía de Vicente López. “Yo creo que el asesino lo conocía o estaba muy cerca de él”, opinó el colega suyo. La misma persona descartó que se trate de un crimen de odio por su condición sexual. “Si no lo hubiesen querido por eso, le daban la baja y listo”, aseguró.

En lo que todas las fuentes coinciden es en insistir en que se investiguen todas las hipótesis y la causa no termine caratulada como “muerte dudosa”.

Sus amigos subieron un sitio web para reclamar justicia por “Tavo”.

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