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Homofobia en Supermercado Vital

Buenos Aires (Soy)

Homofobia en el Supermercado

Joel y Daniel son pareja desde 2009. Se conocieron por equivocación (Joel estaba encargado de averiguar si Daniel era gay para concertarle una cita con un amigo). Los dos son de Jujuy y el año pasado planearon venir a Buenos Aires para ganar más dinero que en su provincia y, por qué no, casarse. “Es un sueño a mediano plazo”, dice Joel con una sonrisa que lo ilumina después de meses de vivir una pesadilla. La peor parte se la llevó Daniel, que en febrero se empleó en la cadena de supermercados Vital (cuyo dueño es Eduardo Pochinki).

Al principio ocultó su orientación sexual, un poco para tantear el terreno y otro poco espantado por los dichos de su jefe, Pablo Ruiz (vaya nombre para homofóbico). El señor Ruiz, en tren de probar a su nuevo empleado, le hacía comentarios del tipo “averiguame si tal o cual es marica”. Daniel se sintió acompañado por sus compañeros aunque “eso sí, siempre me decían que me callara”.

Al mes de empezar, su novio Joel se empleó en Riosma, un frigorífico que opera para Vital, de manera que los novios se cruzaban casi todos los días y compartían espacios de descanso en común. “Yo tenía miedo de perjudicarlo a él, fingíamos que éramos amigos, algunos pensaban que éramos primos, pero era una locura porque estábamos planeando ir a vivir juntos y además a mí jamás me importó lo que piensen los demás, siempre dije que me gustaban los hombres”, dice Joel.

La pareja empezó a desgastarse, se encontraban lejos del trabajo y siempre con el tema recurrente, ocultando la verdad y sintiendo que hablar de la propia vida es garantía de despido. Un día, Daniel se cansó y allí donde se pregunta por el status amoroso en Facebook decidió que era hora de pasar en limpio lo que era un hecho desde 2009. “Los chicos de Vital lo vieron y empezó a correr el rumor. Ruiz me mandó la carga más pesada, me agregó medio pasillo y al chico que entró le dio todo lo liviano. Después me obligaba a hacer horas extra, y terminaba saliendo 3 horas más allá de mi horario. El cuerpo empezó a no responderme y él me decía si no te gusta, hay otros para este puesto.”

Joel y Daniel siempre habían trabajado en negro y durante meses especularon juntos sobre la posibilidad de denunciar al supermercado, pero no sabían por dónde empezar. Sumar tareas en la reposición de mercadería sumó carga a una espalda que no sólo estaba surfeando el estrés sino también kilos. “Era imposible, me sacó la ayuda y yo tenía que bajar todo solo. Claramente me estaba obligando a renunciar. De hecho cuando pedí una licencia de una semana porque no daba más, mis compañeros lo escucharon decir: “hago todo para que se vaya y no se va”. Cuando volví, usó mi licencia para tildarme de mal compañero, me llegó a decir, con la complicidad del gerente de la sucursal, que no me podía enfermar y que tenía prohibido hablar en mi horario de trabajo.”

Un día le dijeron que estaba desvinculado y sus propios compañeros le aconsejaron que vaya al Inadi, que lo suyo era un claro caso de discriminación. “Yo no sabía ni lo que era. Me sentía totalmente desamparado. Los delegados me dieron el teléfono de la CTA y de allí me asesoraron para ir al Inadi y me pusieron en contacto con los chicos de 100% Diversidad y Derechos. Ahí empezó otra historia”, dice, del 20 de agosto.

Ahora, casi dos meses después, volvió a la sucursal para hacer un escrache, del que Ruiz se escondió en la bodega. “Vital discrimina, no compres en Vital” era la consigna y cuando, a través de un megáfono, lo señalaron a Ruiz como el responsable del acoso, la sucursal estalló en aplausos. Todos apoyan a Daniel e incluso se ofrecieron como testigos (aun bajo la amenaza de sus superiores) de un juicio por acoso laboral que promete avanzar tanto como sea necesario para frenar la homofobia y discriminación por orientación sexual.

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