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SOS Twitter

Por Pablo Capurro – (Debate)

El caso Perez Hilton, la audiencia propia y la búsqueda de un modelo de negocio

Perez Hilton y su poder sobre Twitter

Horas después de preguntar por dónde había un bar gay para ir a pasarla bien con un amigo, Mario Armando Lavandeira avisó que estaba en shock, que necesitaba con urgencia a la policía, que había sido golpeado por un famoso artista, que sangraba, que no era chiste: todo, en menos de 140 caracteres.
Ni llamar al 911, ni gritar para pedir ayuda: escribir una breve línea en Twitter y recibir socorro inmediato. Eso hizo Perez Hilton, seudónimo de Lavandeira, famoso bloguero de Estados Unidos, conocido allí por ser un informador (concepto que instaló el periodismo ciudadano digital) del jet set, de la farándula. Un paparazzo que tiene un medio propio, Internet -Twitter, Facebook, Blog-, y que ha creado su propia audiencia.

La polémica desatada, en la que Perez Hilton acusa a William Adams (Will.i.Am), cantante y líder del grupo Black Eyed Peas, de haberlo perseguido junto a sus guardaespaldas y golpeado en la cara, comenzó con un twitteo que, desde su celular, envió Perez Hilton. A los pocos minutos dio las gracias a todos y pidió, a su millón de seguidores, que dejaran de llamar a la policía local, que ya habían llegado y que estaba bien. En vez de llamar a la policía, y ser una persona que pedía ayuda, el bologuero decidió comunicarlo por Twitter, y así logró que el reclamo de ayuda llegara a través de decenas de llamados a la comisaría más cercana.

Más allá de la importancia de la discusión y de sus términos, sirve entender el porqué del enojo de los Black Eyed Peas. Perez Hilton es un bloguero muy influyente, su sitio web es visitado por millones de personas y sus críticas a los últimos trabajos de la banda, a través de Twitter, repercutieron en el humor de sus integrantes, que quisieron hacérselo saber, pidiéndole “mayor respeto”. Del pedido cordial a la exigencia y los golpes hubo un sólo paso.

Los Perez Hilton no son mayoría en Twitter. Usuarios que logren ese nivel de atención, hay pocos. Otro caso es el de Ashton Kutcher, actor y pareja de Demi Moore, quien compitió con la CNN para ver quién llegaba primero al millón de seguidores. Ganó Kutcher. Hoy ya son más de 2.362.000 seguidores los que reciben, en un promedio de 10 veces al día, las novedades e ideas de la estrella de Hollywood. Incluso las fotos de su mujer en ropa interior.

La cantidad de seguidores promedio de un usuario de Twitter es cercana a veinte; o sea, su círculo íntimo. Luego están los usuarios intermedios, que en muchos casos acumulan miles de seguidores y siguen a la misma cantidad de usuarios. ¿Cómo funciona esto?: “Yo te sigo y vos me seguís, ¿dale?”, es el acuerdo tácito que impera. Una correspondencia gratuita y falsa, que fomenta la creación de grandes audiencias vacías. Miles de personas que “nos siguen”, pero no nos leen. Una competencia para ver quién acumula más plateístas que se sientan de espaldas al espectáculo.

Twitter es lo que cada usuario quiera hacer de él. Un medio de comunicación, una vidriera para mostrar y contar sobre nuestra vida, una aplicación para relatar eventos al instante, un nuevo formato para escribir novelas, un espacio para enterarnos de todo lo que nos interesa, o una cosa sin sentido. Por eso, son muchos los usuarios que comienzan a abandonar el uso activo del servicio, al no encontrarle el sentido justo para sus vidas. Por el momento, la impresionante cantidad de nuevos registrados diarios supera ampliamente a las bajas.

Y el pedido de SOS de Perez Hilton sirve, también, para reflejar el momento que atraviesa Twitter como negocio. Todavía sin haber facturado un dólar, fundado en julio de 2006, y luego de rechazar varias ofertas millonarias de compra, esta plataforma que sufre grandes problemas de infraestructura (el sitio se apaga y tiene inconvenientes varias veces al mes), sigue creciendo y busca su modelo de negocio. En ese camino, piensa pedir “ayuda” a las empresas que disfrutan de sus beneficios, hasta ahora, en forma gratuita.

La vedette de los sitios web acumula ya 18 millones de usuarios a nivel mundial, y recién en el segundo semestre de este año va a comenzar a generar ingresos, por la inversión en publicidad de marcas como Starbucks, la cadena de cafeterías más
grande de Estados Unidos.

Twitter lleva la publicidad en su piel, en la esencia misma del servicio, y eso complica las cosas para la compañía. Cada minuto que pasa, más de veinte personas escriben algo sobre Starbucks, suben links con fotos tomando un café en sus locales o comentan sobre la apertura de una nueva franquicia. Cuando la publicidad es el mensaje gratuito y desinteresado de los usuarios, ¿cuánto vale la publicidad tradicional?

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