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Ayer monja, hoy lesbiana

Fuente: La Nación

Teresa cambió el amor a Dios por el amor a las mujeres

Teresa cambió el amor a Dios por el amor a las mujeres

Teresa quiso ser monja en su búsqueda por “un amor más pleno y un servicio a la gente”. 30 años más tarde, su vida es completamente distinta. De un convento en Rosario (su ciudad natal) pasó a convivir con Amalia, una amiga de la adolescencia que se convirtió en su primera pareja oficial. Teresa dejó los hábitos y una vida dedicada a Dios para aceptar su lesbianismo, no sin una lucha interna después de tantos años de represión y negación de su verdadera naturaleza.

En una entrevista con el diario La Nación, Teresa reconoció haberse sentido defraudada por la Iglesia Católica. “La Iglesia tiene mucha teoría. Pero esta no es la iglesia de Jesús: él no dejaba al margen a nadie, recibía a todos y buscaba realmente el bien de la gente”, aseguró la rosarina de 53 años de edad.

Su orientación sexual jamás fue mencionada durante sus años en el convento. “Nunca se habló del tema de la homosexualidad, porque para la Iglesia, la homosexualidad es una enfermedad”, recuerda hoy Teresa. Su relación con las otras monjas nunca pasó el límite de la amistad. “Sentía que quería mucho a algunas de las hermanas, pero había muchísima represión. Nunca pude decir nada. Eran amistades, teníamos muy bien vínculo, pero nunca tuvimos sexo”.

Esta represión la acompañó durante muchos años luego de su salida del convento. Convivió con otra ex monja durante 8 años, pero la relación nunca fue consumada. “Hacíamos todo juntas. Cine, salidas, vacaciones. Éramos una pareja, sólo que sin contacto sexual. Nunca se hablaba de ese tema”. Esto cambió cuando, en 2009 se puso en contacto con Amalia, una amiga de la adolescencia, quien le confesó su homosexualidad en su primer encuentro.

“Desde que empecé con Amalia sonó la campana del recreo, como que durante mucho tiempo estuve en clases y ahí empecé a liberarme de las presiones. Ahora no estamos juntas, pero mi vida ya es más parecida a lo que yo quiero para mí”, confesó Teresa.

Sin embargo, la vida fuera del convento no ha sido fácil para ella. Más allá de su orientación sexual, Teresa tuvo problemas para reinsertarse en la sociedad. “Estás mitad adentro y mitad afuera. Además te quedás en la calle, no tenés nada. Yo volví a la casa de mi mamá. Los que salen porque tienen un plan capaz es distinto. En cambio, yo me fui porque a mí la estructura, la institución me asfixiaba. Pero yo quería seguir trabajando por la gente”.

Y a todo esto hay que sumarle la propia aceptación, el poder desligarse de años de enseñanzas religiosas que condenan la homosexualidad. Pero el tiempo lo cura todo. “Aún me falta: me doy cuenta de que usar la palabra lesbiana, en muchos momentos, me cuesta horrores. Tengo miedo de ser rechazada. Pero hay que seguir trabajando. Hace recién tres años que empecé a despertarme”.

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