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Realitys: Aturdidos por la fama

Por Axel Serrano – (Revista Imperio 96)

Aturdidos por la fama

El auge de los reality shows provocó que decenas de personas sin talento se vieran sacudidas íntimamente por una popularidad desmedida. Cuando vieron que su estrella se apagaba, algunos apelaron a las polémicas en los programas de chimentos, mientras otros eligieron retornar al ostracismo sin más. Una tendencia televisiva que empobrece a la sociedad y enferma a sus protagonistas.

Imposible imaginarse que una mujer no muy agraciada de las afueras de Glasgow; con exceso de peso, virgen a los cuarenta y tantos, y con dificultad al hablar por negligencias en su nacimiento, sea vista de un día para otro por más de veinte millones de personas a través de Internet. Y más increíble aún, que con su voz conquiste el mundo, hasta verse cantando en un acto oficial del primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos.

Sin embargo, todo eso es real. La magia de la televisión todo lo puede, todo lo transforma y todo lo destruye. Y aquí juega un papel importantísimo la nueva vedette de los mass media, los realitys, programas de televisión capaces de transformar a cualquier humano en exitoso, carismático y bello.

Así, en base a estos parámetros, Susan Boyle pasó abruptamente de ser una anónima desconocida, a ser la cantante de moda y, posteriormente, a una clínica psiquiátrica con un serio estado de estrés. La fama inmediata y la manipulación mediática hicieron mella en la buena de Boyle y su psiquis no aguantó. Como tantos otros que no lograron hacerle frente a la exposición y quebraron frente a una demanda tan excesiva como perversa.

El ABC

Los reality shows son un género televisivo en el cual se muestra lo que le está sucediendo a personas reales, en contraposición a los programas de ficción como pueden ser las novelas, donde se cuentan historias que les ocurren a personajes ficticios.

El concurso televisivo que hoy conocemos es, justamente, el tipo de reality en el que nos detendremos para describir un nuevo fenómeno actual: el de los famosos por saturación, una categoría impuesta por los medios, que arbitrariamente convierten en estrellas a personas que, no estando preparadas, logran popularidad masiva en pocos días.

Esta es una manifestación que algunos estudiosos llaman “hiperrealidad televisiva”. Bajo este rótulo nacieron en nuestro país los famosos Gran Hermano, El Bar, Expedición Robinson, Popstar, Escalera a la Fama y Operación Triunfo, todos derivados de sus antecesores norteamericanos, japoneses y europeos.

Así también, con igual vertiginosidad, murieron infinidad de personajes que vieron esfumarse sus cinco minutos de gloria en los livings de Rial, de Susana Roccasalvo y Viviana Canosa.

Un poco de historia

El primer esbozo de reality fue la cámara escondida, que debutó con el programa estadounidense Candid Camera en 1948. Le siguieron, llegados los ´50, los shows de concursos televisivos, cuyo primer exponente exitoso fue uno de belleza llamado Miss America. Hoy en día, los concursos por TV ya no se incluyen en el género del reality ya que presentan un guión y son filmados en un set televisivo.

El segundo golpe de efecto, que incluso continúa hasta nuestros días, se produjo en 1989 con la emisión de Cops, un programa que acompañaba a policías durante sus periplos urbanos; al así como nuestro Policías en acción. Esa estructura dio pie a programas similares pero con diferentes temáticas como médicos, bomberos y detectives.

El salto siguiente nos transporta a 1999, año en el cual nació Big Brother; la versión perfeccionada de Nummer 28, programa holandés que impuso la idea del encierro y de mostrar la vida misma. Sus derivados fueron variando en los matices, pero la relación de la competencia mezclada con la cotidianidad estaba sellada.

En nuestro país, tres realitys diseminaron el virus de la fama inmediata y gratuita: Gran Hermano, El Bar y Expedición Robinson. Los tres nacieron en los albores de 2001 y las grillas televisivas latían a su compás. Con seres humanos que hacían de conejitos de india, que mostraban las miserias humanas en su máxima expresión a miles de personas que actuaban como jurado.

Virtudes pocas y destreza, ninguna. Sí, cámaras registrándolo todo las veinticuatro horas al día y micrófonos a la espera de algún comentario sorprendente. No sólo la televisión abierta y la opinión pública bailaban al ritmo de las vicisitudes de unos cuantos ignotos, sino que panelistas y destacados sociólogos dirimían qué estaba bien y qué estaba mal en torno a ellos. Una vez finalizado el juego y con los resultados a la vista, el voyeurismo se disparó y la demanda por esos programas se multiplicó al infinito.

Mostrar la intimidad se convirtió en sinónimo de éxito y la aparición en las portadas de las revistas era en un hecho, además de recorrer el sillón blanco de Susana, de participar de los sketch de Tinelli, del Yenga con Gerardo y hasta de subirse al ajetreado escenario de Sunset.

Cosecha nacional

Desplegado el juego, los participantes ignoran que por obtener el premio mayor, la destrucción de su propia e íntima humanidad es total. Aunque el balance, a simple vista, salda a su favor. Es que algo es cierto: estos programas son la puerta más grande y el camino más rápido a la fama si uno carece de otras propuestas innovadoras. El tema es que muy pocos pudieron traspasar los paneles de los programas de chimentos y hacer de su nada una carrera artística.

Silvina Luna, Pamela David, Santiago Almeyda y Ximena Capristo, por el lado de la revista, y Germán Tripa Tripel y Gerónimo Rauch, por el de la música; fueron ellos los únicos sobrevivientes de una picadora de nombres y de historias que llevó a casi todos al escándalo barato, para terminar cobrando económicos cachet por posar de noche en los boliches de moda.

¿Alguien recuerda a los ganadores de Operación Triunfo en todas sus ediciones? ¿Y la dicotomía que se armó en El Bar entre “La Cumbre” con Eduardo como abanderado, y “La Colina”, comandado por Daniel? ¿Y del ganador de Expedición Robinson, Diego Garibotti, quien no bien llegó de la isla fue notero de Georgina Barbarossa?

Todos ellos son hoy ilustres desconocidos que, al igual que Susan Boyle, no soportaron los vaivenes del medio. La lista podría ser interminable si tenemos en cuenta que en cada reality más de veinte personas exponen su intimidad. Y mejor olvidemos de los dos realitys de famosos, cuya intención fue relanzar a la fama a los protagonistas. Reality Reality, en Canal 9, primero, y Gran Hermano Vip, en Telefé, un tiempo después, mostraron que las celebridades a veces son más patéticas que la gente desconocida.
Por caso, vale recordar la lamentable imagen que dejaron Juan José Camero y Gisela Barreto en el primero de ellos, y Nino Dolce, Luis Vadalá y Lissa -la ex Bandana- en el siguiente.

Consecuencias

Los realitys tienen la siniestra característica de vestir de popularidad a cuerpos vacíos de talento. Sin repetir y sin soplar, armemos un acotado listado de figuras mediáticas que tuvieron su momento de oportunidad y se esfumaron en lo mediocre de sus cualidades: Claudio Basso, Emanuel Arias, Andrea del Valle, Pablo Heredia, Gustavo Parra, Natalia Fava, Marcelo Corazza, Tamara Paganini, Gastón Trezeguet, Luis Alberto Biondi, Griselda Sánchez, Bam Bam Morais, Claudia Ciardone, Viviana Colmenero, todos los Expedición Robinson, todas las Bandana y los de Escalera a la Fama.

Todos ellos fueron manipulados desde que aparecieron por primera vez en pantalla. Sus errores iniciales, los tropiezos y los éxitos, todo -o casi todo- fue digitado. El problema para ellos es que, con los contratos ya firmados, no haya una cláusula que los emancipe de la locura mediática.

A lo largo de esta historia, muchas fueron las Susan Boyle que subieron alto para luego caer estrepitosamente. Habrá que agradecer que todavía ninguno de estos casos haya terminado en tragedia.

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